El primer whisky de malta asturiano empieza a brotar tras una odisea administrativa frustrante: "Nos sentimos tratados como si fuéramos contrabandistas"
El primer whisky de malta asturiano empieza a brotar tras una odisea administrativa frustrante: "Nos sentimos tratados como si fuéramos contrabandistas"
Lara Calderón y Deryca Demirci, los promotores de la destilería pionera de Premió, en Las Regueras, esperan iniciar la elaboración y la introducción de su producto en barrica este verano, después de perder un año en trámites y gestiones con la Agencia Tributaria
"Lo que más duele es sentirse fiscalizado, observado y criticado sin haber empezado siquiera a hacer las pruebas", afirma el matrimonio
Lara Calderón y Derya Demirci brindan en la bodega de su destilería en Premió. Abajo, los fermentadores y destiladores, preparados.
El cocedero y los tres fermentadores tienen todavía un flamante brillo metálico. Los dos destiladores, que siguiendo una costumbre arraigada en el mundo del whisky tienen nombre –"Alma" y "Neverland"–, relucen con el aspecto impecable de las cosas nuevas. Todo está listo en Premió, en la planta baja de una recia e impecable casa de piedra que en tiempos se llamó "El palacio" y donde la aventura insólita y pionera de abrir en Las Regueras la destilería que hará el primer whisky de malta de Asturias tendría que llevar más de un año en producción a tiempo completo. Todo está listo, pero no ha empezado y los promotores, el matrimonio que forman Lara Calderón y Derya Demirci, asturianos residentes en el Reino Unido hasta que el "Brexit" y el covid los empujaron de vuelta a casa, han rozado muchas veces la desesperación.
El proyecto que concibieron para volver a Asturias no era ni pequeño ni fácil, eso lo sabían, pero quizá no imaginaron el nivel de dificultad del laberinto que les esperaba. Volvieron a finales de 2020, presentaron el proyecto en 2022, reformaron este edificio del que se enamoraron en el concejo de Las Regueras y cuando habían salido, no sin grandes tribulaciones y algunos retrasos, de los enojosos engranajes de la burocracia, tropezaron contra el muro que más les atascó. Los enredó la Agencia Tributaria y el régimen de Impuestos Especiales a que están sujetas todas las bebidas alcohólicas.
Ahora, al fin con los permisos concedidos, esperan poder empezar este verano a llenar las cuarenta barricas de roble que se apilan en su bodega, pero el camino ha sido tan tortuoso y los obstáculos tan elevados y constantes que Derya ha tenido que buscarse un trabajo a tiempo completo para poder pagar las facturas mientras terminan de resolverse sus problemas. Básicamente, desde Impuestos Especiales "tienen que controlar todos los procesos, y eso está bien", señala Lara, pero aquí han llegado al punto de "precintarnos la maquinaria y querer hacer lo mismo con la puerta........
