El actor Carlos Mesa vuelve a darse un paseo por Oviedo para sonreír en las Escuelas Blancas de su niñez: "Siento añoranza"
El actor Carlos Mesa vuelve a darse un paseo por Oviedo para sonreír en las Escuelas Blancas de su niñez: "Siento añoranza"
Habitual de las tablas del Campoamor, afirma que "me gusta volver al cole, venir aquí me lleva a recordar muchos momentos con mi madre, cuando ella estaba bien"
Carlos Mesa, actor: "Las Escuelas Blancas siempre fueron un lugar especial para mí, recuerdo cuando las pintaron de azul y nos llamaban los pitufos"
J. Ardura / A. Domínguez
Salió de San Lázaro y alrededores a los veinte años, pero considera las calles que abarcan los Dominicos, el Campillín, las Escuelas Blancas, la calle Capitán Almeida donde estaba el antiguo parque de Bomberos y el viejo instituto de San Lázaro el territorio de su infancia y la primera juventud, al que siempre conviene volver. Sobre todo, cuando uno es "un nostálgico de la vida" como confiesa el actor Carlos Mesa (Oviedo, 1980) en un paseo improvisado por escenarios que le son muy familiares, aunque vive en Gijón hace años.
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"Me gusta volver al cole, venir aquí me lleva a recordar muchos momentos con mi madre, cuando ella estaba bien, ahora lleva diez años con un Parkinson que ha ido a más en los últimos tres", revela Carlos Mesa, que hace unos días no pudo evitarlo y de repente se vio en los pasillos de las Escuelas Blancas, el colegio público de San Lázaro por excelencia, fundado nada menos que en 1913. Aunque los tiempos de escuela del niño que fue el hoy actor, que igual pisa las tablas del Campoamor para una zarzuela, que se marca monólogos en el Filarmónica o canta con su alter ego "Charly Table", son mucho más recientes, de la década ochentera en la que nació. Un tiempo que aflora a las primeras de cambio, en cuanto se suelta. "Tengo añoranza. Mi compañero de dúo musical, el bajista Javi Méndez, me suele decir que él no es para nada nostálgico, pero yo, por ejemplo, escuchaba una canción de José Luis Perales y ya me generaba paz interior, nostalgia".
Hace unas cuantas décadas que Carlos Mesa no pisa el cole de su EGB, pero recuerda con todo lujo de detalles los rincones que surgen paso a paso. "Mira, entrábamos por ese portón, al lado del gimnasio Takeda: por la entrada principal solo venías si habías cateado y tenías que volver a examinarte en septiembre, así que no nos gustaba nada", rememora. "Pasé mucho tiempo y muchas horas del día aquí, fíjate desde Parvulitos, con cuatro años hasta casi los catorce años; ¡anda, esa nuestra orla de 8º de EGB!", dice mientras apunta a un cuadro del curso 1993-94. "Cuidado que esos niños ya son paisanos", avisa.
De repente, asoman en la memoria travesuras y secretos que el actor ya autoriza a desclasificar. "Teníamos una llave maestra, andábamos por los pasillos y conseguíamos los exámenes para copiarlos. Donde ahora está el salón de actos estaba sexto curso y los mayores, de octavo, estaban en el piso de arriba. El comedor estaba donde sigue ahora: a veces nos llamaban del patio para colocar los platos y luego nos daban un pincho de aperitivo, sabía a gloria", abunda Carlos Mesa en una explicación en la que se mezclan recuerdos y sentidos: "Huele a cocina, igual que antes". Y ese gran patio abierto, directamente proporcional a la escala de unas Escuelas Blancas, "con muchos recovecos", lugar de ansiados recreos, juegos y confidencias. Al fin, instantes queparecen aflorar en la sonrisa, en la expresión de pura felicidad de la cara de Carlos Mesa. "En ese lado del muro había salamandras", apostilla. Allí siguen los baños, "igual que siempre, no han cambiado nada" y muy cerca el banco "que no estaba pintado así y donde se sentaba Doña Rosalía, la profesora de lenguaje y tutora, con su libreta y aquel rotulador rojo".
En el paseo improvisado de Carlos Mesa por los escenarios de su infancia y adolescencia vuelve otra vez la figura de la madre, Berta Tuñón. "Aunque estaba en un colegio público sentía que había clases. Se notaba quién era hijo de economistas o los que éramos hijos de nadie. Mi madre sacó adelante ella sola a cuatro hijos, tuvo una peluquería en el piso donde vivíamos, pero no le daba, trabajó donde podía, una luchadora. Venir al colegio me recuerda cuando ella estaba en plenitud y pese todas las cargas que tenía encima nos ponía la mejor de sus caras cada día, sin descanso._Por eso me llega al corazón volver aquí", esgrime el actor. Aquel niño salió de las Escuelas Blancas para hacer el BUP en el viejo instituto de San Lázaro, en el solar donde ahora se levantarán los edificios de pisos más altos de Oviedo, a setenta metros sobre el suelo. "Tener que ir caminando con catorce años hasta el instituto, que estaba al final de San_Lázaro no apetecía un pijo , la verdad", relata Mesa.
Sin embargo, fue en aquel instituto Leopoldo Alas "Clarín" donde descubrieron el talento interpretativo de aquel chaval. "Elías Domínguez, que era mi profesor de literatura y de teatro, me dijo: ‘Te tienes que ir a Madrid eres un gran actor’. Claro, como si fuera tan fácil. Y yo le respondía que si no se daba cuenta de dónde venía yo, que no tenía esas posibilidades. Pero lo que sí ya tenía desde ese momento era un sueño: buscaba el afecto y que te quieran y te reconozcan, por eso el aplauso era muy importante para mí. Luego con los años tuve que dar psicológicamente la torna, con una frase que me impactó:_‘ama el arte en ti mismo y no a tí mismo en el arte’. Un mensaje profundo".
El Carlos Mesa adolescente que empezaba a querer ser actor compartió alguna caminata del instituto de San_Lázaro con un chaval cuya abuela vivía cerca de su casa, al lado de las Escuelas Blancas. "Cruzábamos juntos la ronda sur, una vez le pregunté por qué faltaba tanto a clase y me dijo que era porque entrenaba y corría con karts, yo le dije que a mí me molaba el teatro", relata Mesa. Aquel compañero de charla improvisada era un tal Fernando Alonso, unos cuantos años antes de ser el famoso campeón mundial de Fórmula 1. "Fui a clase algún curso con él, no éramos amigos íntimos, porque él iba con la pandilla de futboleros, pero nos saludábamos. Luego, hace ya bastante, yo estaba en un bolo en un restaurante de Oviedo y subió a saludarme, un detalle por su parte" . También fue al mismo instituto Melendi, "pero no lo pisó mucho ,y eso que era el gallu de la quintana, estaban todas locas por él".
El paso del colegio al instituto le sirvió a Carlos Mesa para ampliar horizontes porque hasta entonces su mundo estaba en Capitán Almeida y alrededores. "Yo vivía en Narciso Vaquero, una callecina pequeñuca, sin salida al lado del bar La Panera; me levantaba con las sirenas del Parque de Bomberos y viéndolos bajar por la barra. Allí estaba el bar Marbella, donde preparaban una sopa con fideos riquísima. La infancia era la calle y coger la bicicleta. Era cuando mi madre nos llamaba por la ventana a gritos, para ir a comer._Siempre fui un crío que hablaba con todo el mundo, conocía a los bomberos, éramos gente con una familiaridad que ahora no hay. Al llegar al instituto descubrí el barrio, ir a las piscinas de San Lázaro er a una aventura, con aquellos toboganes. En aquellos veranos, como nosotros no podíamos ir de vacaciones, yo sentía que el barrio se moría, quedaba vacío".
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Como aquel chaval no pudo ir a Madrid a estudiar arte dramático, pese a que ya se había iniciado en teatro, se quedó en Oviedo para hacer Relaciones Laborales y cosas del destino, tuvo un primer trabajo que le llevó a vivir a la capital en 2003 . "Trabajé en el departamento de recursos humanos de una empresa aeronáutica en_Illescas, pero yo vivía en el Paseo de las Delicias y cogía un tren para ir a Parla y luego un autobús a Illescas. Así era mi jornada, un coñazo, a los cuatro meses me echaron porque aquello no me interesaba nada y acabé de acomodador en el Teatro Alcalá con el musical de Cabaret, fue lo mejor que me pudo pasar", relata Carlos Mesa de una etapa en la que jugó un papel esencial José Antonio Lobato, fundador del grupo Margen y "el padre que no había tenido; me llamó para hacer ‘El viaje a ninguna parte’. Volví , hice esa obra, empecé a trabajar en TPA, me dieron el premio de mejor actor de Asturias, fuimos a actuar a Cuba. Aquel 2006 fue tremendo" relata Carlos Mesa. Un actor de oficio y "un hombre de impulsos", como el que tuvo cuando no paró hasta dar con el filósofo Emilio Lledó. "Busqué su teléfono, le llame hace diez años y desde entonces he tenido varias conversaciones con él, por teléfono, pero de cuarenta y cinco minutos, hablamos de todo y se aprende mucho". n
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