Otro eclipse en Asturias: así se vivió en Argüelles en 1954
Otro eclipse en Asturias: así se vivió en Argüelles en 1954
De la expectación de este año a la indiferencia y el temor ante un fenómeno similar hace 75 años
«Bombón» contemplando el eclipse del 12 de agosto en Villasidro (Burgos), fotografiado por Arancha García Arsuaga y Raúl Díez Hernández.
La aldea de Argüelles (Siero) se extiende fértil y confiada sobre apacibles lomas y vegas donde se apacentaban los ganados y les fabes y manzanas se cosechaban en abundancia. La bondad del paisaje, la tranquilidad de sus gentes, hacían que nunca pasase nada. A los críos pronto nos mandaban a llindar les vaques y nuestros juegos, banzones y pelotas, cascayu o la comba, se limitaban a las horas del recreo en la escuela. Pletórico, una mañana el señor maestro nos anunció que presenciaríamos todo un milagro. Nada menos que un eclipse de sol. No es que tuviese poderes adivinatorios o sólidos conocimientos astronómicos. A decir verdad, lo había leído en el diario "Ya", el mismo que me dejaba a la hora del recreo para que lo leyese.
–Pepín, ¡lee e instrúyete! –Me sugería.
Aunque no sabíamos qué era un eclipse, en la escuela estábamos locos de contentos porque rompería la monotonía de los días. Y nos fue informando de que tales fenómenos eran raros y que se producían de tarde en tarde. Además, no se observaban en todas las partes del mundo por igual. Constituía, pues, una oportunidad casi histórica, y nosotros unos privilegiados.
Alborozados, durante los días previos, queríamos transmitir el fenómeno astronómico que se avecinaba y los conocimientos que habíamos ido adquiriendo. Sin embargo, en nuestros mayores no conseguíamos despertar el más mínimo interés, aunque repitiésemos, palabra por palabra, las enseñanzas del maestro. Nos escuchaban con escepticismo, sin prestar atención a nuestras explicaciones sobre órbitas, rotaciones, traslaciones, planetas y universos. Demasiado atareados en sus labores, tan numerosas y apremiantes en aquella época del año, como para dar crédito a las palabras de un rapacín, no mostraban interés alguno por el tema.
–¡Cosas del maestro! –sonreían condescendientes, tal que si no estuviera en su sano juicio.
De todos modos, el maestro nos preparó concienzudamente para el acontecimiento. Nos explicó en qué consistía un eclipse y sus diferentes modalidades. Sobre el encerado nos dibujó la posición de la tierra respecto al sol y la luna intercalada entre ambos y la sombra que proyectaba. Nos previno que, llegado el momento, no miráramos directamente al sol para que nuestros ojos no sufrieran daño alguno. Para contemplar el eclipse en todo su esplendor........
