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El periodismo llora a su último gigante, el asturiano Diego Carcedo, reportero en Vietnam, corresponsal en Nueva York y directivo en RTVE

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05.04.2026

El periodismo llora a su último gigante, el asturiano Diego Carcedo, reportero en Vietnam, corresponsal en Nueva York y directivo en RTVE

El periodista cangués fallece en su domilicilo en Madrid a los 86 años

Diego Carcedo, en una imagen de archivo, durante una visita a Asturias en 2005. / Ricardo Solís

Del pequeño pueblo de Sobrecueva, muy cerca de Corao, en Cangas de Onís, al mundo, hay un nombre que lo cuenta todo. Se llamaba Diego Carcedo, tenía 86 años y este domingo por la mañana falleció en su residencia de Madrid, tras agravarse su estado de salud en las últimas semanas. Con él desaparece uno de los últimos gigantes del gran periodismo del siglo pasado, reportero de guerra en Vietnam, El Salvador o Angola, corresponsal en Lisboa y Nueva York, director de informativos de Televisión Española, director de RNE y miembro del consejo de administración del ente público. De las trincheras a los despachos, Carcedo hizo un viaje profesional de 360 grados como periodista de raza que era, riguroso con la información y cariñoso con sus colegas, tal y como le recuerdan ahora.

La vocación, contaba no hace tanto, le vino de casa, donde, si no había periodistas sí había lectores de prensa. Puede que la vocación aventurera también fuera en los genes de un abuelo, militar en la guerra de Cuba, del que conservaba su espada. El empujón definitivo que le metió en la profesión le llegó en LA NUEVA ESPAÑA, el periódico en el que comenzó su trayectoria, primero como corresponsal en el oriente asturiano, cerca de su Cangas de Onís natal, y luego ya en la redacción, a mediados de los sesenta. El periodista Graciano García, director emérito de la Fundación Princesa de Asturias, recuerda bien a aquel chaval un poco más joven que él que empezó a colaborar con el periódico a mediados de los sesenta: “En aquella época yo me hice cargo de los corresponsales, y vi que él era tan ágil, tan rápido y tan trabajador, que propuse traerlo para Oviedo”.

Carcedo, con su madre, en Corao. / lne

En aquella redacción de LA NUEVA ESPAÑA, con compañeros como José Vélez y Juan de Lillo, Carcedo recorrió Asturias de un lado a otro y aprendió el oficio, de sus colegas y de los veteranos, del director Paco Arias de Velasco y de Pérez de las Clotas, a los que todavía recordaba como referentes en una profesión en la que, insistía siempre que podía, era necesario mantener la veteranía para que no se perdiera la transmisión del oficio.

Juan de Lillo, compañero de aquellos años y amigo constante con el que hablaba todavía semanalmente, a veces aprovechando las horas de espera de la diálisis, lo evocaba ayer con “cariño y una gran tristeza”. Él, Graciano García y Vélez compartieron viajes por Asturias y experiencias en las que Carcedo siempre fue cariñoso aunque especial para lo suyo. “Era reservado, quería hacer sus propias fotos, no quería que le acompañaran y no........

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