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MANUELA

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15.09.2026

Con esta obra, Eduardo González Viaña reafirma ser de esos escritores que parecen haber nacido con la pluma en una mano y una bandera en la otra.- dice Ronald Gamarra, el gran jurista, cuando enjuicia mi novela MANUELA SÁENZ Y LA LUNA DE PAITA. En la revista HILDEBRANDT

Manuela Sáenz llevaba tiempo apareciéndosele y, con ella, todo un séquito de fantasmas: Simón Rodríguez y sus disfraces, Bolívar y su casaca roja, Teresa Túpac Amaru y su silencio que habla; Nathán, la curandera del alma; Jonathás, la que sueña con los ojos abiertos. Un desborde de la imaginación, acariciado por décadas, esperando su hora y su calendario: porque Eduardo González Viaña no organiza su novela más reciente en capítulos, sino en ocho fases lunares en las que Manuela nace, crece, se llena, mengua y renace, como si solo el cielo tuviera paciencia para una vida tan larga y terca. La novela es Manuela Sáenz y la luna de Paita, y no podía empezar de otro modo que con una muerte que no llega. Esa escena inaugural condensa todo el libro: Manuela como una mujer que negocia con la muerte y siempre, de algún modo, la vence. Porque este no es un libro sobre cómo murió Manuela Sáenz, sino sobre cómo se negó, una y otra vez, a que la mataran del todo.

Manuela no es Manuelita. El diminutivo con que la historia oficial la redujo a “la amante de Bolívar” es la misma operación que este país sabe hacer tan bien con sus mujeres incómodas: achicarlas para que quepan en un casillero decente.........

© La Mula