Datado
Este artículo se publicó originalmente en La Marea 112, cuyo dossier principal está dedicado a los centros de datos. Puedes hacerte con un ejemplar aquí.
Un dato es, literalmente, lo que se entrega. Procede del participio (datum) del verbo latino «do» que significa conceder o entregar. De ahí también «dote». Se utilizaba para decir, por ejemplo, que se entregaba una carta o se ponía algo de uno en un esfuerzo, o cuando se decía algo y se aportaba al otro a través de lo dicho (datur), pero también, siguiendo la misma lógica, se empleaba cuando se «daba» un mal a otro a través del daño (damnum). En este sentido el verbo «do» no implica simplemente un dar sino un dar algo del donador. Por eso, en griego antiguo, dar (did?mi) contiene el sentido de ofrecer y, al mismo tiempo, de exponerse. Quien da algo propio se expone incluso a los peligros. Diríamos que con el dato entregamos información a otro, convirtiéndonos así en dadores, pero también –y este sería el peligro contenido en el término griego– convirtiéndonos o identificándonos con los datos mismos que aportamos al exponernos. ¿El peligro radica en lo que se hace con la información que proporcionamos? ¿Y si vamos un poco más lejos? ¿Somos nuestros datos o nos hemos transformado en su producto? ¿Es hoy el dato el dador de........
