Firmar en Versalles
Es imposible que una persona tenga conocimientos básicos de todas y cada una de las disciplinas del saber humano, y menos aún que los domine. Por eso, en sentido estricto, todos los seres humanos somos unos grandes ignorantes y ese adjetivo no tendría por qué llevar una carga despectiva.
El problema es que muchos hacen gala de nociones manifiestamente erróneas, o bien cometen errores garrafales por carencia de una cultura general básica indispensable para la función que desempeñan. Es entonces que “ignorante” cobra su sentido como descalificación. Es exigible, por ejemplo, que quien se desempeña como gobernante de cualquier país posea, como mínimo, conocimientos elementales de aritmética, de historia, de geografía, de economía, aunque lo deseable es que tenga también una embarradita de filosofía, literatura, artes plásticas y escénicas, biología, ciencias sociales y ciencias exactas en general.
De todos esos logos, las nociones de historia –maestra de la vida– son de las más relevantes para el oficio de gobernar, así sea por la muy egolátrica razón de que quienes ejercen el mando en una nación tienen el inmenso privilegio de que sus nombres ingresen al registro de los hechos para la posteridad. Arma de dos filos: una........
