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José Clemente Orozco. La mirada terrible

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“Una pintura no debe ser un comentario, sino el hecho mismo; no un reflejo, sino la luz misma; no una interpretación, sino la misma cosa por interpretar. La única emoción que debe generar y transmitir es la que se derive del fenómeno puramente plástico”. 

Decía Justino Fernández que la pintura de Orozco contiene signos cuyo mensaje no deja tranquilo al público; es una expresión de la conciencia de su tiempo. Obra lejana al efecto “narcotizante” y decorativo, la de Orozco expresa los signos de “un mundo que arde en odio, en guerra de exterminio, de tragedia y dolor. Un arte de crisis cultural”. Y aunque Fernández escribiera estas ideas en 1942, hoy, en pleno siglo XXI, no es distinta esta situación. La actualidad de Orozco sigue incomodando, cuestionando, subvirtiendo los signos de nuestro tiempo, poniéndonos ante un espejo terrible, e inquietante. 

Hombre taciturno, enemigo de la exhibición y el espectáculo; escucha con atención, es claro y escueto en su opinión. Rasgos del carácter del artista consecuentes con su poética visual. 

Nacido en Ciudad Guzmán, Jalisco, el 23 de noviembre de 1883. Un niño que en la capital solía detenerse ante los ventanales de la imprenta Vanegas Arroyo para mirar trabajar a Posada, como presenciando una revelación. En adelante, buscaría entusiasmado, entre carbón, papel y color, un lenguaje propio. Trabajando como dibujante pagó sus estudios en la Academia de Bellas Artes en........

© La Jornada