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Astillero

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06.04.2026

El tema de las personas desaparecidas es una herida nacional abierta, más allá de estadísticas y discursos oficiales. Sean más o sean menos de las que se reconozcan en el manejo gubernamental de cifras, los hechos cotidianos prueban la subsistencia e incremento de tales ausencias.

No es un asunto de números, siglas partidistas o apellidos de quienes han ocupado el máximo sitial del país (siendo cierta la irresponsabilidad criminal de Felipe Calderón con su “guerra contra el narcotráfico” y sus secuelas relacionadas con las desapariciones de personas, y la indolente continuidad durante el peñismo igualmente entreverado con el crimen organizado, tales puntos de referencia no eximen a las posteriores administraciones morenistas de lo sucedido durante sus periodos).

Es un problema de Estado, que involucra a las instituciones y sus temporales titulares; una crisis cuyo punto más contundente sigue siendo el relacionado con los estudiantes de la normal rural de........

© La Jornada