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Julieta Campos y Anais Nin / Elena Poniatowska

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05.04.2026

Charles Thorvald Nin era sobrino de la escritora Anais Nin, autora favorita de Henry Miller, quien la festejó a lo largo de toda su carrera. Tuve la oportunidad de conocer a Anais gracias a que Charles Thorvald Nin se casó con mi hermana, Kitzia, aunque tanto él como ella la consideraran muy, muy atrevida.

En México, la novelista Julieta Campos de González Pedrero se convirtió en una ferviente admiradora de Anais Nin. Apenas fue presidenta del Pen Club Mexicano (después del filósofo Ramón Xirau), Julieta viajaría a Miami para conocerla y hacerle el regalo de su admiración. Las dos escritoras compartieron el mismo origen: la isla de Cuba. Me pregunto si allá la reconocen porque Miguel Barnet o Roberto Fernández Retamar, quienes vivieron a fondo la revolución cubana, no me hablaron de ella, seguramente porque los traté antes de la revolución y Anais creció y se formó en Estados Unidos.

Anais Nin adquirió muchísima fama en los 50 en Estados Unidos porque Henry Miller le profesó una devoción cotidiana y la levantó en un altar. Su pasión fue tanta que se veían casi todos los días en Estados Unidos y convirtieron su vida en una novela. El escritor de todos los escándalos consideró que la joven Anais lo sabía todo de la sicología femenina y la libertad sexual. Un grupo de genios se reunían todas las noches para festejar su talento, brindar en fiestas en Nueva York y figurar en periódicos de esa misma ciudad y en París. Todos los ojos estaban puestos en los escándalos que un puñado de originales y excéntricos podía provocar.

En México, Julieta Campos se convirtió en leal seguidora de Anais y la celebró en la Revista de la Universidad a partir del momento en que encabezó el Pen Club de México.

Anais Nin detalló crudamente en sus novelas sus relaciones amorosas y su escritura le fascinó a Henry Miller, que en una época fue considerado uno de los grandes autores de la literatura estadunidense. No sé si ahora los jóvenes lo sigan leyendo porque ya las relaciones íntimas de infinidad de parejas no escandalizan a nadie, pero en su época las descripciones, tanto de Miller como de Nin, causaron sensación, incluso en Nueva York, la capital del escándalo.

Anais Nin se regodeó en sus complejas relaciones sexuales con hombres y mujeres que relató en frecuentes sesiones de sicoanálisis. Condenaba la vida amorosa burguesa por su falta de imaginación y se lanzó a........

© La Jornada