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Ferias del libro mexicanas/ Elena Poniatowska

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11.10.2026

El pasado 9 de octubre se inauguró la edición 26 de la Feria Internacional del Libro del Zócalo (FIL del Zócalo), coordinada por Paloma Saiz Tejero, incansable promotora cultural y amante de la lectura. Durante dos semanas, el Zócalo de la Ciudad de México es el punto de encuentro de niños, jóvenes y abuelitos que abarrotan los amplios pasillos donde se alinean los libros como en un mercado de lechugas, fresas y limones, porque, finalmente, hay libros que devoramos y otros que no nos apetecen, como las espinacas. Las editoriales famositas y los escritores que viajan de España se ofrecen como la fabada y la paella junto a los frijoles y los tacos de sesos, la pancita y el mole negro de Oaxaca. Exhiben sus tentaciones porque Paloma Saiz y Paco Ignacio Taibo II brindan el acceso a los libros para todos los monederos y muchos estudiantes salen felices porque alcanzaron a comprar algún tomo codiciado. Un libro no es un lujo, y más de 350 sellos editoriales exhiben en sus mesas las obras de autores muy queridos, como Juan Rulfo o Rosario Castellanos, que este año puso a toda Chiapas en el candelero.

En sus inicios, la FIL del Zócalo se enfrentó a las dudas del gremio editorial. A partir de 2000, esta fiesta es el punto de encuentro de lectores con autores que sonríen amables mientras autografían su obra y cuentan de su largo viaje a México. Hasta la fecha, el Zócalo es el punto de partida para otras ferias que buscan ganar jóvenes lectores.

La primera feria del libro en la historia fue la de Fráncfort, en 1949, referente para editoriales y libreros, y escaparate para autores que buscan navegar sobre el Sena o el Támesis.

En México, la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara este 2026 cumple 40 años, gracias al notable trabajo de Raúl Padilla –a quien siempre agradeceremos Carlos Monsiváis y yo sus atenciones cuando nos enfermamos de tantas letras–, iniciada en octubre de 1987 y considerada tan descabellada como instalar una agencia de viajes en la cárcel de Lecumberri.

Pensar en pretensiones........

© La Jornada