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Soberanía, cartografía y reconfiguración espacial en el estrecho de Ormuz

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07.07.2026

Las recientes declaraciones de Kazem Qaribabadi, viceministro de Asuntos Jurídicos e Internacionales de Irán, sobre la implementación del Memorándum de Islamabad, han pasado prácticamente desapercibidas para los analistas de seguridad occidentales. Estos observadores suelen quedar atrapados en las métricas de destrucción militar y los cálculos de capacidad naval. Teherán ha asumido la responsabilidad exclusiva de las operaciones de desminado en el estrecho, rechazando de manera categórica la participación de Estados Unidos y Francia en el proceso.

Simultáneamente, la revisión de las rutas de navegación, trazadas originalmente en 1968 y actualmente en fase de negociación técnica con Omán, marca un quiebre administrativo definitivo con los regímenes de la era Pahlavi. Interpretar estos desarrollos como meros ajustes logísticos de posguerra implica diagnosticar erróneamente la naturaleza profunda del proyecto geopolítico de la República Islámica. La administración del estrecho funciona como la principal articulación geográfica de la autoridad estatal.

Este espacio marítimo se ha transformado en un ámbito donde un imaginario político distinto interrumpe activamente las cartografías hegemónicas. La aserción de control sobre esta vía navegable constituye una reafirmación de la autonomía jurisdiccional y un ejercicio de creación de mundo antimperial. Consolida una realidad estructural que define la interacción del Estado con el sistema internacional y descarta cualquier lectura transaccional de su posición estratégica.

Para comprender la profundidad de esta reconfiguración espacial, resulta indispensable observar el estrecho a través de la lente de la geografía crítica. Como ha detallado Stuart Elden en sus trabajos sobre territorialidad, el territorio es una tecnología de cálculo, medición y jurisdicción. El mar, lejos de ser un vacío, constituye un ámbito meticulosamente zoneado, atravesado por coordenadas invisibles que dictan el flujo del capital y el movimiento de las armadas.

La teoría convencional de las relaciones internacionales, heredera directa de la Paz de Westfalia de 1648, concibe la soberanía como un monopolio secular y territorial de la fuerza. Este paradigma asume que el espacio geográfico funciona como un contenedor neutral y que la validez estatal depende del reconocimiento de las potencias hegemónicas. Los Estudios Musulmanes Críticos desmantelan esta epistemología eurocéntrica al examinar cómo la secularización del poder estatal fue un proceso histórico profundamente político, diseñado para subordinar las tradiciones islámicas y mantener una jerarquía internacional excluyente.

La República Islámica subvierte esta estructura desde adentro, fusionando el aparato estatal moderno con los imperativos éticos de la revolución. En su arquitectura conceptual, la soberanía no se entiende como la búsqueda de una invulnerabilidad absoluta ni como la aceptación de los términos de reconocimiento dictados por el centro imperial. Por el contrario, se manifiesta como una negativa radical a esas condiciones, afirmando una autoridad arraigada en la gestión directa y relacional del territorio. Trasciende la mera........

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