El terremoto en Venezuela y la política del desastre
El 24 de junio de 2026, una serie de terremotos consecutivos sacudió a Venezuela, apenas unos meses después de que EEUU bombardeara la capital y secuestrara al presidente Nicolás Maduro y a la diputada de la Asamblea Nacional Cilia Flores. Este año ha sido cruel para Venezuela, cuyo pueblo ha estado bajo el ataque de EEUU desde el inicio de la Revolución Bolivariana. El boletín de esta semana incluye nuestra última alerta roja, La verdad entre los escombros, publicada en colaboración con la Asamblea Internacional de los Pueblos, ALBA Movimientos, Sociedad Patriótica, Unión Comunera, Fuerza Patriótica Alexis Vive y el Frente Francisco de Miranda.
La verdad entre los escombros
Los desastres naturales revelan más que el movimiento de las placas tectónicas: la fortaleza de las sociedades, la resiliencia de las comunidades y las fallas políticas que determinan qué sufrimiento se ve y cuál se explota. A pocas horas de los devastadores terremotos que sacudieron a Venezuela el 24 de junio de 2026, las redes sociales y algunos sectores de la prensa internacional ya estaban difundiendo narrativas familiares. Antes incluso de que las operaciones de rescate pudieran comenzar en serio, el desastre se había transformado en otro campo de batalla en la larga campaña liderada por EEUU para socavar el proceso bolivariano puesto en marcha por la elección de Hugo Chávez en 1998.
Nada de esto debe restar importancia a la inmensa tragedia que enfrenta el pueblo venezolano. Barrios enteros han quedado devastados. Cientos de edificios se han derrumbado. Hospitales, carreteras, puentes y otras infraestructuras públicas están en ruinas. Familias siguen buscando a sus seres queridos mientras los equipos de rescate luchan contra la lluvia, las réplicas y las dificultades de acceso por carretera. Pero la solidaridad requiere más que simpatía, requiere la verdad. Por eso examinamos algunos de los mitos más comunes que circulan sobre el terremoto y los comparamos con la evidencia disponible.
Mito 1: El gobierno de Venezuela no ha respondido de manera efectiva al terremoto
Es necesario comprender la magnitud de la catástrofe antes de poder emitir un juicio serio. El número de muertes aumenta cada día a medida que los equipos de primera respuesta y las personas voluntarias peinan los escombros, con decenas de miles de personas aún desaparecidas. Casi 200 edificios se derrumbaron por completo, y cientos más quedaron parcialmente destruidos. Los hospitales que normalmente recibirían a los heridos resultaron dañados a su vez. Un puente importante y varias carreteras sufrieron daños en el estado de La Guaira, que de los 6 estados afectados fue donde el terremoto golpeó con mayor intensidad, lo que dificulta extraordinariamente el traslado de equipos y efectivos de rescate a las zonas afectadas. Las lluvias continuas y las casi 800 réplicas han complicado aún más las operaciones de rescate, mientras que el derrumbe parcial del aeropuerto de Caracas ha obligado a los equipos de rescate internacionales a llegar a través de aeropuertos más distantes y luego desplazarse por carretera. Ningún país cuenta con una capacidad de emergencia ilimitada ante una destrucción de esta magnitud.
Sin embargo, Venezuela entró en esta catástrofe cargando con un peso adicional que pocos países han experimentado a esta escala: años de guerra económica a través de medidas coercitivas unilaterales impuestas principalmente por EEUU y sus aliados. Estas medidas han congelado más de 30.000 millones de dólares en activos públicos venezolanos que, de otra manera, podrían haber fortalecido la preparación ante desastres, modernizado la infraestructura y financiado las reservas de emergencia. Han restringido gravemente la capacidad del país para adquirir equipo especializado de rescate, maquinaria pesada, medicamentos, repuestos y materiales de construcción, y han causado una migración masiva.
El endurecimiento de las sanciones impulsadas por EEUU en 2017 impulsó la emigración y provocó........
