Una reelección más incierta (y más necesaria) que nunca
Aunque los indicadores económicos favorecen a Lula, la elección de 2026 en Brasil sigue abierta: la extrema derecha conserva una implantación social profunda, el país continúa fracturado y la batalla contra el bolsonarismo exigirá mucho más que una campaña defensiva.
No es posible aún pronosticar los resultados de las elecciones presidenciales de 2026 en Brasil. A ese respecto, reina una gran incertidumbre, y ello por al menos cinco razones:
a) aunque la contienda esté confinada a sólo dos candidatos, todavía nos separan de los comicios más de seis meses y las encuestas disponibles no arrojan datos suficientes ante un empate técnico dentro de los límites del margen de error, en un contexto en que los altos índices de rechazo tanto de Lula como de Flávio Bolsonaro se han mantenido por encima del 45 %, lo que indica que, probablemente, las elecciones se decidan por un pequeño porcentaje, inferior al 10 % de la población; b) la posibilidad de que variables claves, como la evolución de la inflación impulsada por el precio de los derivados del petróleo, debido a la guerra de EEUU e Israel contra Irán, puedan afectar negativamente a todas las expectativas económicas; c) Flávio Bolsonaro ha consolidado su liderazgo al frente de la oposición y con ello ha relegado a Tarcísio de Freitas a las elecciones de São Paulo, pero aún no están definidas todas las candidaturas, ni a la presidencia y la vicepresidencia, ni a gobernadores estatales, ni tampoco la configuración de las coaliciones, lo cual reviste gran importancia, a pesar del papel central de las redes sociales, debido al lugar clave que todavía ocupa el acceso a los medios de comunicación de masas, como la radio y la televisión; d) las repercusiones de la nueva situación internacional, precipitada por la ofensiva liderada por EEUU contra Venezuela, Irán y Cuba, siguen siendo muy graves, al extremo de haber alterado desfavorablemente la correlación de fuerzas, si bien aún está por definirse la forma final que adopte ese cambio, todo ello agravado por el peligro de que Trump intente manipular la campaña electoral en Brasil, tal como ocurriera en recientes procesos electorales de países vecinos, como Ecuador, Chile y, sobre todo, Argentina; e) están por definirse las líneas de la campaña, tanto de Lula como de Flávio Bolsonaro, pero dado que es previsible una pugna política implacable, serán aciertos y errores los que inclinen la balanza.
a) aunque la contienda esté confinada a sólo dos candidatos, todavía nos separan de los comicios más de seis meses y las encuestas disponibles no arrojan datos suficientes ante un empate técnico dentro de los límites del margen de error, en un contexto en que los altos índices de rechazo tanto de Lula como de Flávio Bolsonaro se han mantenido por encima del 45 %, lo que indica que, probablemente, las elecciones se decidan por un pequeño porcentaje, inferior al 10 % de la población;
b) la posibilidad de que variables claves, como la evolución de la inflación impulsada por el precio de los derivados del petróleo, debido a la guerra de EEUU e Israel contra Irán, puedan afectar negativamente a todas las expectativas económicas;
c) Flávio Bolsonaro ha consolidado su liderazgo al frente de la oposición y con ello ha relegado a Tarcísio de Freitas a las elecciones de São Paulo, pero aún no están definidas todas las candidaturas, ni a la presidencia y la vicepresidencia, ni a gobernadores estatales, ni tampoco la configuración de las coaliciones, lo cual reviste gran importancia, a pesar del papel central de las redes sociales, debido al lugar clave que todavía ocupa el acceso a los........
