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A 53 años del 11S. La política exterior de Salvador Allende y la Unidad Popular

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12.09.2026

Tras el asesinato del presidente Allende el 11 de septiembre de 1973 por los militares, la centroizquierda y todas las derechas tratan de llevar agua para su molino, diciendo que si Allende estuviera vivo condenaría a Venezuela y Cuba. Este discurso demuestra que no era así.

Párrafos del discurso pronunciado en la Universidad Nacional de Montevideo en 1967, en forma paralela a la 2a reunión de la Alianza para el Progreso en Punta del Este.

La Universidad constituye en sí por sus funciones y su papel en el desarrollo de los países el sitio cuya misión fundamental es concretar el más enaltecedor afán del hombre: la búsqueda de la verdad. Y, además, es el centro desde el cual esta misma verdad debe extenderse, sin concesiones ni compromisos, hacia todos los ámbitos. Por eso, con enorme satisfacción de latinoamericano, no he vacilado en recoger la tarea que la Universidad de la tierra de Rodó me ha asignado, para que hable en esta oportunidad. Para enfrentar semejante esfuerzo, me apoyo sólo en un antecedente: mi condición de hombre de América. Y también de político que mide por su diaria experiencia que nuestros pueblos buscan con más urgencia que jamás la verdad para marchar con ella coma arma hacia el destino que los libere de la dramática existencia en que hoy desenvuelven su trayectoria.

Es obligación de los pueblos reaccionar cada vez que el engaño pretenda alzarse para posponer la verdad. Es bueno que los pueblos de Europa castiguen al Vicepresidente de EEUU con su repudio y con su desprecio. Es muy bueno; es magnífico, que esta Universidad haya denunciado, sin equívoco, en su declaración sobre la Reunión de Punta del Este, lo que en realidad esconde esa Conferencia. Para ésta, la representatividad no existe en múltiples casos. Johnson no representa la palabra de Walt Whitman ni podría repetir sin sonrojo la oración de Lincoln en Gettysburg. Nadie exhibe en Punta del Este la sombra de Bolívar, el grande, el libertador de los pueblos que murió pensando que había sembrado en el mar, porque comprendió, como lo anunciara proféticamente, que los EEUU parecen destinados por la Providencia para plagar a la América de miserias, en nombre de la Libertad. Y allí no estará representada la Cuba de José Martí. Y debía estarlo y lo que es más podría estarlo con noble autenticidad. Pero a pesar de que nadie estará en condiciones de repetir en Punta del Este lo que aseveraba Martí, los pueblos de América lo reiteran con su actitud de rebeldía, en sus calles, en sus plazas, en todos los sitios en que hay conciencia política esclarecida. Y, aunque se la quiera silenciar, la voz de Martí acusa, irrefutable: En nombre de nuestra América no puede haber Caínes. Otra América, la rubia, se negó a firmar el proyecto que declara eliminada para siempre del derecho público, la conquista. ¿Cuál será el pueblo de América que se niegue a declarar que es un crimen la ocupación de la propiedad de un pueblo hermano, que se reserva a sabiendas el derecho de arrebatar por la fuerza su propiedad a un pueblo de su propia familia?».

La historia de esta reunión de Punta del Este es tan turbia como toda la historia de la Organización de los Estados Americanos. Tiene sus orígenes en el viejo y negociador principio doy para que me des. En julio de 1954, EEUU derribó al gobierno constitucional de Guatemala; en diciembre de ese año, EEUU convocó a los gobiernos latinoamericanos a una reunión económica, para silenciar con esperanzas el delito cometido.

El 13 de abril de 1961, Kennedy expuso la idea de la Alianza para el Progreso; el 15 de dicho mes el gobierno de los EEUU intentó invadir Cuba. En agosto, ese mismo gobierno ofreció la Alianza para el Progreso para ocultar el crimen fracasado.

En abril de 1965, el gobierno de los EEUU agredió al pueblo dominicano; en noviembre de 1965 ese mismo gobierno aceptó, en la Conferencia de la OEA de Río de Janeiro, que se introdujeran cláusulas económicas a la Carta de Estados Americanos.

En 1967, el gobierno de los EEUU pidió a los gobiernos latinoamericanos que instalaran una fuerza policial contra sus pueblos: la Fuerza interamericana de Paz, impetrando además, apoyo para su agresión en Viet Nam. A cambio de todo esto, ha terminado por promover la actual reunión de Punta del Este, en la que lanza una nueva esperanza publicitaria: la integración económica.

El 26 de........

© La Haine