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Perspectiva histórica de la resistencia palestina y la política de desarme

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Las organizaciones de la resistencia de Gaza aceptaron recientemente una hoja de ruta para el desarme respaldada por EEUU. A pesar de que durante casi tres años el régimen israelí había exigido sistemáticamente que se diera ese paso como requisito previo para poner fin a su invasión, ha rechazado rotundamente la propuesta. Para poder entender bien esta nueva campaña de desarme, es fundamental tener en cuenta el contexto histórico que hace que sea imposible un verdadero desarme.

«Si HAMAS simplemente depusiera las armas…» y «HAMAS no puede controlar Gaza tras sus ataques a Israel…» han sido unos argumentos publicados en los medios en lengua inglesa, no solo desde que empezó el genocidio en Gaza, sino desde hace décadas. HAMAS (Movimiento de Resistencia Islámica, por sus siglas en árabe) declaró el 6 de julio que accedía a ceder el control de la administración civil de Gaza a un comité de gobierno tecnócrata y el 30 de julio HAMAS se comprometió a implementar un plan de desarme. Ambos acuerdos, logrados por medio de la Junta de Paz estadounidense, no provocaron sino más promesas de mayor violencia por parte de las autoridades sionistas.

La razón de ello es que Israel solo aceptará un proceso de desarme que deje completamente indefensa a la población palestina y totalmente a merced de su ejército ocupante. Por consiguiente, el movimiento mayoritario HAMAS y sus aliados armados, como la Yihad Islámica Palestina, han insistido en que el plan de desarme debe ser paulatino y no un acuerdo de capitulación, como exige Israel.

Aunque el partido Fatah es el único partido político palestino importante al que hoy en día EEUU, Reino Unido y la mayoría de las naciones de la Unión Europea no consideran una organización terrorista proscrita, en su momento Israel y sus aliados lo consideraron una de las principales organizaciones terroristas del mundo. Israel emprendió una invasión de Líbano en 1982 con el objetivo de acabar con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que estaba liderada por Fatah.

Tras asediar Beirut, donde se había establecido la OLP en el exilio, el ejército israelí mató a unas 20.000 personas palestina y libanesas antes de ofrecer un ultimátum a los palestinos: seguir luchando hasta derramar la última gota de sangre o que la organización abandonara su resistencia y huyera. El presidente de la OLP Yasser Arafat eligió huir a Túnez y aceptó la derrota.

El régimen de apartheid, sin embargo, no cumplió su palabra y después de ese acuerdo se cometieron masacres atroces entre la población palestina refugiada en Líbano. El 16 de septiembre de 1982 se produjo la tristemente célebre masacre de Sabra y Chatila sin que hubiera una resistencia que siquiera tratara de ayudar a esta población. El ejercito israelí se quedó contemplando cómo la milicia fascista libanesa que era su aliada, Kataeb, asesinaba a unos 3.500 civiles en unas 43 horas. La mayoría de estas víctimas eran mujeres y niños puesto que casi todos los hombres que vivían en estos campos de refugiados formaban parte de la resistencia y se habían marchado........

© La Haine