El engaño de Ucrania
Estoy cansado. Cansado del delirio liberal, de la hipocresía, del análisis infantil y de la sed de sangre descarada en torno a Ucrania. Estoy cansado de la pretensión de que una guerra indirecta, que ya ha durado más que la I Guerra Mundial, sea una batalla justa contra el mal por el alma del mundo.
Estoy cansado de que algunos consideren que querer poner fin a una guerra que ha matado a cientos de miles de jóvenes ucranianos es una postura indignante y moralmente deplorable.
Estoy cansado de que el análisis racional y el contexto se califiquen con tanta frecuencia de apología pro-Putin, y de lo casi imposible que resulta obtener información veraz sobre la guerra que no esté sesgada por una agenda antirrusa. Incluso la información y el análisis rigurosos, que reconocen que Rusia no está perdiendo y que Ucrania está sufriendo, sugieren con demasiada frecuencia que Occidente debe librar esta guerra durante muchos años más. Este análisis, por lo demás racional, si bien detalla todas las maneras en que Ucrania no está ganando la guerra, concluye, sin embargo, que debe prolongarse para evitar una «mala paz».
Una y otra vez llegamos a la misma conclusión: que conceder a Rusia lo que busca, es decir Crimea, las cuatro regiones anexionadas vía referendos y una Ucrania neutral y sin OTAN, sería una «mala paz» que recompensa la agresión. Sin embargo, pocos políticos o periodistas, al difundir esta narrativa, explican explícitamente qué es una «buena paz» y qué implicaría. Pero no tenemos que adivinar. Zelensky lo ha hecho en numerosas ocasiones. Y ha sostenido que la única forma de que termine la guerra es que Rusia devuelva a Ucrania no solo las cuatro regiones anexionadas en 2022, sino también Crimea, y que además exija garantías de seguridad que equivaldrían a la integración efectiva de Ucrania en la OTAN.
Esta es una postura ilusoria que garantiza la paz eterna y una guerra sin fin. Y la guerra sin fin no es un concepto abstracto. Significa muerte eterna. Destrucción eterna. Significa que las sociedades europeas se militarizarán y se securitizarán, con el enemigo ruso como excusa perfecta para un estado de vigilancia controlado por Palantir. Y esta postura se basa en una afirmación infantil, repetida hasta la saciedad, que legitima la guerra: que la invasión rusa de Ucrania fue «no provocada».
Nada es jamás una reacción sin provocación. Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo sobre si la provocación justificaba la reacción. Pero hablar de "no provocada" no es un análisis, sino una apelación emocional, y en el caso de Rusia-Ucrania, es propaganda diseñada para ocultar la larga historia que condujo a la invasión rusa.
En muchos sentidos, no difiere mucho de la propaganda que afirmaba que el 7 de octubre fue un ataque no provocado contra Israel, o que Pearl Harbor fue un ataque no provocado contra EEUU.
Las narrativas que prescinden de la relación causa-efecto y proclaman que algo malo simplemente sucedió sin ningún acontecimiento previo, que las buenas personas se vieron arrastradas a la guerra a regañadientes para defenderse de las malas, son el truco más antiguo del manual de propaganda de guerra diseñado para silenciar la investigación intelectual........
