A propósito de 'Nuestra Tierra', película documental de Lucrecia Martel
Un empresario minero y dos ex policías armados llegan a las tierras de la comunidad indígena Chuschagasta, asentada en la provincia de Tucumán, y que forma parte del pueblo también llamado diaguita-calchaquí. El objetivo de estos hombres -blancos, occidentales, cristianos, etc.- es apropiarse de esas tierras. A pesar de la afrenta que significa el desconocimiento de su presencia ancestral, a pesar de la violencia material y simbólica que constantemente se ejerce contra ella, la comunidad se predispone a defender pacíficamente sus territorios y sus formas de vida, en fin: su identidad. La paciencia de este pueblo es enorme, lo mismo que su tenacidad.
Un referente de la comunidad, Javier Chocobar, es asesinado y otros dos son heridos de gravedad. Ninguno de ellos estaba armado. Ninguna persona de la comunidad lo estaba. Corría el año 2009. Ironías de la historia, estos sucesos tienen lugar un 12 de octubre, el "día de la raza", según la denominación que ha vuelto a regir en Argentina desde 2024, en el marco de un gobierno neocolonialista e impermeable a toda idea de "diversidad cultural".
En 2018, en un juicio oral, un tribunal tucumano condenó a los asesinos del referente comunero. Dos años más tarde, los perpetradores apelaron la sentencia y fueron liberados. Finalmente, en 2025, la Corte Suprema de Justicia confirmó la sentencia inicial. Sabemos que esta trama trágica es habitual en nuestro país y en Nuestra América, y que se viene reiterando desde hace más de 500 años.
La película documental Nuestra Tierra no solo se encarga de desnaturalizar y visibilizar otro caso de infinita injusticia. No se limita al ejercicio -imprescindible- de la denuncia. La mirada de Lucrecia Martel (además de directora, coautora del guión junto a María Alché), abarca todo, traspasa una capa tras otra, busca un núcleo. Despelleja. Ilumina. Nos pone cara a cara con el colonialismo interno; con la incomodidad que estruja al conquistador (en todos sus formatos históricos) cuando un pueblo oprimido decide no abjurar de su modelo cultural; con la hipocresía de esa parte de sociedad que sigue sosteniendo que Argentina es un "crisol de razas", cuando, en realidad, bien sabemos, es un "crisol de racismos".
La película despliega tanto la complicidad de las instituciones del Estado que utilizan el monopolio de la producción de títulos y documentos para favorecer a las clases dominantes, como la complicad de las........
