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Crujidos en la sala de máquinas del imperio

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18.08.2026

El embajador estadounidense en Argentina, Peter Lamelas (foto), anunció la última semana que “estamos decidiendo el futuro de Vaca Muerta”. Se arrogó esa prerrogativa porque Javier Milei lo ha autorizado a disponer de cualquier decisión que considere válida. La escena remite a una versión actualizada de Spruille Braden, pero con una diferencia: el trumpismo no tiene un contendiente como Juan Domingo Perón. El sesgo cognitivo imperial, en fase de desinhibición total, contribuye a quitar todo velo de sospecha respecto al énfasis neocolonial del trumpismo. EEUU quiere expulsar a China de América Latina y el Caribe para frustrar la integración regional, apropiarse de los recursos naturales e impedir cualquier posibilidad de autonomía.

La esperanza de Wall Street, para no perder la hegemonía económica global frente a Beijing, está puesta en la Inteligencia Artificial (IA). Esa tecnología requiere insumos críticos (tierras raras y minerales críticos) que, en la actualidad, están controlados mayoritariamente por China. Esa no es su única restricción. Además, la IA necesita construir grandes Centros de Datos (CdD) para procesar la información hurtada ––sin pagar derechos de autor–– al resto del mundo. A su vez, esos CdD demandan, para su funcionamiento, grandes volúmenes de energía y refrigeración, escenarios que contribuyen a la escasez de agua y al incremento desmesurado de los costos de la electricidad.

Los referentes de esas tecnologías profetizan, además, que sus CdD permitirán la reducción de la fuerza de trabajo, haciendo más vulnerable la crítica situación laboral que sufren los asalariados. Las propias empresas tecnológicas alimentan esos temores al difundir sus proyecciones. En mayo, Mustafa Suleyman, CEO de IA de........

© La Haine