menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Israel es un régimen de apartheid, y sus extrañas leyes matrimoniales nos lo demuestran

1 0
latest

Los partidarios de Israel se han enfurecido por una breve publicación en X del periodista Mehdi Hasan, en la que destaca las peculiares leyes matrimoniales de Israel.

Hasan pregunta: «¿Sabía usted que en Israel no se puede celebrar un matrimonio civil o laico?».

No se equivoca. Israel ha prohibido el matrimonio civil. Solo se puede contraer matrimonio en una ceremonia estrictamente controlada por las autoridades religiosas. Si se desea un matrimonio civil, hay que viajar a otro país.

¿Por qué?, podría preguntarse con razón. ¿Acaso Israel no es una democracia liberal moderna, laica y de estilo occidental? Al fin y al cabo, eso es lo que nuestros políticos y medios de comunicación no dejan de decirnos.

La réplica más habitual a Hasan por parte de los defensores del régimen sionista --que la situación no es mejor en Arabia Saudí-- no es precisamente el argumento de peso que parecen creer. ¿Así que Israel ofrece la misma protección de los DDHH que Arabia Saudí? Impresionante.

Otros han señalado que Israel heredó del Imperio otomano el llamado sistema «millet», que otorgaba a los líderes de cada grupo confesional de Oriente Medio el control autónomo sobre los asuntos religiosos de su comunidad.

Sin duda, hace 150 años el sistema funcionaba relativamente bien a la hora de reducir las tensiones comunitarias en las zonas de gran diversidad religiosa de un vasto imperio. Evitaba que los funcionarios de Constantinopla --la actual Estambul-- se vieran profundamente envueltos en los asuntos cotidianos de sus súbditos, a menudo lejanos.

Pero hace 150 años, Gran Bretaña enviaba a niños a limpiar chimeneas. La ley se modificó por aquella época para poner fin a esta práctica abusiva y peligrosa.

Israel se fundó hace casi ocho décadas, supuestamente como una democracia liberal laica al estilo occidental. Ha tenido 78 años para modificar esas arcaicas leyes matrimoniales otomanas.

¿Por qué no lo ha hecho?

Todo el alboroto con el que se condena la publicación de Hasan no es más que un intento desesperado por desviar la atención del hecho de que las anticuadas leyes matrimoniales de Israel perduran porque le resultan útiles.

De hecho, son más que eso. Constituyen un componente fundamental de la versión israelí del apartheid: un sistema racista de segregación que Israel ha logrado ocultar a la vista de la opinión pública occidental con la ayuda de políticos y medios de comunicación occidentales.

«Amenaza demográfica»

La prohibición israelí del matrimonio civil es fundamental en sus esfuerzos por impedir lo que sociedades racistas del pasado, como la Sudáfrica del apartheid y el sur profundo de EEUU, denominaban «mestizaje» --es decir, las relaciones sexuales entre diferentes grupos étnicos--. Quizá recuerde que los nazis también tenían opiniones desagradables sobre este tema.

He aquí al actual ministro de Hacienda, Bezalel Smotrich, oponiéndose al mestizaje en 2016:

"Evitar la asimilación en el Estado judío es totalmente legítimo y no es en absoluto racista. Ustedes parten de la premisa de que impedir los matrimonios mixtos es incorrecto, al tiempo que ignoran el hecho de que la mayoría de las jóvenes [judías] que se relacionan con árabes son chicas pobres a las que se está explotando."

El exministro de Educación, Rafi Peretz, calificó los matrimonios mixtos en los que participan judíos como un «segundo Holocausto».

En Israel, estas opiniones son totalmente mayoritarias. En 2018, Yitzhak Herzog, actual presidente del régimen israelí y antiguo líder de un partido israelí supuestamente de izquierdas, describió los matrimonios mixtos entre judíos estadounidenses como una «plaga» para la que había que encontrar una «solución» --presumiblemente imitando el enfoque de Israel--.

En Israel, la principal preocupación no son los matrimonios entre judíos y palestinos bajo ocupación --que a Israel y a sus partidarios les gusta presentar, de forma engañosa, como una simple cuestión de «seguridad»--.

En los territorios ocupados, Israel recurre a métodos mucho más contundentes que las leyes para impedir que se desarrollen relaciones íntimas de cualquier tipo entre judíos y una población palestina cautiva. Prefiere la contención física y la violencia.

Los palestinos bajo ocupación se ven separados por la fuerza de los judíos israelíes. Se ven acorralados en sus propios guetos, estrechamente confinados, por la red israelí de barreras de acero y hormigón; por el ejército israelí; por los puestos de control; por las carreteras separadas, propias del apartheid, en Cisjordania; y por las milicias judías que viven en tierras robadas en los denominados «asentamientos».

En tales circunstancias, hay pocas posibilidades de interacción, y mucho menos de matrimonios mixtos, salvo cuando soldados israelíes o colonos judíos armados irrumpen violentamente en las comunidades palestinas para destruir cosechas, matar ganado, envenenar pozos, incendiar viviendas y coches, y agredir --y, en ocasiones, matar-- a los........

© La Haine