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Fidel: la paciencia de la revolución

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17.08.2026

El 3 de octubre de 1965, durante la constitución del primer Comité Central del que luego sería el Partido Comunista de Cuba, Fidel Castro pronunció un discurso en el que señaló que los revolucionarios debían saber esperar, tener paciencia y no desesperar ante las dificultades. Bajo esta premisa debemos leer y comprender su aporte al movimiento político revolucionario y a las izquierdas globales. La antología preparada por Marc Sayous y prologada por Ignacio Ramonet es una excelente primera aproximación al vasto universo que encierra el nombre de Fidel. Trinchera de ideas aparece en un momento altamente emotivo por el centenario del comandante histórico y especialmente delicado ante la renovada embestida imperial sobre la isla.

Compuesto por 25 textos --la mayoría acompañados por breves páginas de contextualización--, el volumen ofrece una muestra de lo que significó la voz del líder revolucionario, tanto en el transcurso del proceso insurreccional como en la emergencia de una posición política socialista en el Caribe y América Latina. Estos materiales, que abarcan desde 1953 hasta la primera década del siglo XXI, dan cuenta de la variedad en el uso de la palabra: desde los discursos densos y meticulosamente articulados de los primeros años hasta las intervenciones breves pero contundentes de su etapa final.

En algún momento de su larga amistad, Gabriel García Márquez escribió que el comandante había cultivado el oficio de la palabra hablada como sello distintivo para dialogar y convencer al pueblo cubano. Varios testigos de los primeros años de la revolución --desde la mexicana Sol Arguedas hasta el argentino Ezequiel Martínez Estrada-- destacaron el carácter pedagógico de las maratónicas jornadas en las que Fidel conversaba con el pueblo en la plaza pública. Es este quizás el principal registro desde el cual abordar sus ideas, el de la palabra hablada; según el compilador, la cifra de discursos contabilizados supera los mil, a lo que habría que sumar sus intercambios con delegaciones extranjeras, sus escritos teóricos y las extensas entrevistas publicadas en forma de libro a lo largo de varias décadas.

Sin embargo, su obra solo cobra dimensión plena en la articulación entre palabra y acción; en la facultad de conducir a través de la voz y forjar una manera de comprender el mundo, el lugar del continente y las urgencias del tiempo histórico. En este centenario de Fidel volvemos a su figura porque la región exige nutrir los programas políticos con aquello que se cultivó durante décadas al amparo de una visión radical y consecuente de la liberación nacional, de la soberanía entendida como cooperación entre iguales y del socialismo como proyecto histórico enraizado en las luchas de los pueblos. Entre esa vasta constelación de experiencias, Fidel es el «profeta de una aurora» --la de la liberación nacional, como definió el Che Guevara--, una batalla crucial que el líder cubano encabezó manteniendo la unidad indivisible entre patria, revolución y socialismo.

El discurso del método de la descolonización

Como cabe esperar, la antología se abre con el célebre alegato de defensa que Fidel pronunció tras su detención por el fallido asalto al Cuartel Moncada: La historia me absolverá. Sin saberlo en aquel momento, la gesta del Moncada se convertiría en el nombre de una posibilidad, en la latencia de un proyecto y en algo más que una promesa a futuro: la síntesis entre la independencia real de la nación frente al neocolonialismo y un horizonte de superación de las principales directrices del capitalismo.

René Depestre, el poeta haitiano que vivió y escribió durante el impulso inicial de la revolución, señaló que aquel «revés victorioso» del 26 de julio había legado en el alegato de Fidel el verdadero «discurso del método» de la descolonización. Y lo hizo, esencialmente, al superar la escisión entre los grandes objetivos de la liberación nacional y la construcción de un horizonte socialista. Dicho de otro modo: en aquel documento se sembró la certidumbre de que para ser independientes era preciso escapar del capitalismo, y que........

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