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Respuestas comunales tras el terremoto: Catia La Mar (I)

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03.08.2026

Un camión sale de Caracas a primera hora de la mañana cargado con artículos de higiene personal, pañales e insumos para niños con destino a La Guaira, la zona más golpeada por los terremotos del 24 de junio. Detrás va un viejo autobús con una brigada de veinte personas del capítulo Venezuela de ALBA Movimientos, la plataforma de organizaciones populares de América Latina y el Caribe. El destino es el Circuito Comunal Rómulo Gallegos* en Catia La Mar.

A diferencia de las operaciones convencionales de ayuda humanitaria, la brigada no llega a poner en marcha una respuesta desde cero, sino a fortalecer un proceso en curso arraigado en años de organización comunal y atravesado por dos emergencias sucesivas.

Pocos días después del terremoto, ALBA Movimientos y el Instituto Simón Bolívar lanzaron la campaña y brigada "Venezuela por la Vida" para acompañar las labores de recuperación. La idea era sencilla: dejar de lado las soluciones prefabricadas y trabajar junto a una comunidad ya organizada, fortaleciendo su respuesta colectiva mediante el trabajo con sus liderazgos y respetando las prioridades definidas por el propio pueblo. En Venezuela, esto significa trabajar de la mano con las comunas y otras expresiones del autogobierno popular que son la base del proyecto antiimperialista y socialista del país. A diferencia del modelo dominante de ayuda humanitaria, que con frecuencia es indiferente o incluso hostil al poder popular, el objetivo de la brigada es fortalecer el tejido comunal al tiempo que se profundiza la conciencia política.

Catia La Mar es un pueblo obrero de la costa caribeña venezolana. Lleva el nombre del Cacique Catia del pueblo Tarma, quien se unió al legendario Cacique Guaicaipuro en la confederación de pueblos indígenas que resistió al colonialismo español durante el siglo XVI. Desde entonces, el territorio ha estado marcado por una larga tradición de lucha colectiva. Más tarde, con la expansión del puerto de aguas profundas en La Guaira, generaciones de trabajadores portuarios, migrantes y comunidades afrodescendientes hicieron suyo este espacio, forjando una cultura caracterizada por la solidaridad, la organización barrial y una sentida devoción a San Juan Bautista, cuya festividad coincide precisamente con el 24 de junio, el día en que ocurrió el terremoto.

Cuando llegamos al barrio, había pocas señales de pánico: lo que llamaba inmediatamente la atención era, más bien, el espíritu de una comunidad que ya estaba movilizada. El circuito comunal no solo se está recuperando del reciente terremoto. Seis meses antes, el 3 de enero, un fragmento de un misil........

© La Haine