El Memorando de Entendimiento y la disputa por el estrecho de Ormuz
Es la disminución de la reserva estratégica de petróleo de EEUU A su vez, desde una posición de fuerza asimétrica, la nación persa reafirma su soberanía territorial sobre la vía marítima.
La normalización del proceso de conversaciones entre EEUU e Irán sigue en un limbo. El cese de las hostilidades acordado en el marco del Memorando de Entendimiento resultó ser frágil. Y todo indica que la estructura diplomática diseñada por los negociadores iraníes y los mediadores paquistaníes y cataríes fue aceptada por Trump sobre la base de un engaño calculado.
El 16 de junio, Trump celebró la formalización del memorando, "autorizando" la apertura libre de peajes del estrecho y la eliminación inmediata del bloqueo naval de la Quinta Flota en el estrecho de Ormuz. "Barcos del mundo, arranquen motores. ¡Que corra el petróleo!", ordenó en sus redes sociales.
Pero el viernes 26, el Mando Central (CentCom) del Pentágono en el golfo Pérsico volvió a bombardear una torre de telecomunicaciones en Taheriyeh, cerca de la ciudad portuaria de Sirik, situada en el sur de Irán, y la aldea de Masen, en la isla de Qeshm, ubicada en el estrecho de Ormuz, tras acusar a la República Islámica de haber atacado con drones el buque mercante M/V Ever Lovely, con bandera de Singapur, cuando intentaba salir subrepticiamente y sin concertación con las autoridades iraníes de esa vía marítima por la costa de Omán el día anterior.
La respuesta iraní no se hizo esperar. En represalia, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica atacó varias posiciones de las tropas de EEUU en la región, acusando a Washington de violar el alto el fuego pactado. El CGRI lanzó misiles balísticos y drones contra ocho infraestructuras importantes estadounidenses en el área, entre ellas, la base aérea Ali Al Salem en Kuwait y la sede de la Quinta Flota de la Armada de EEUU en el puerto de Mina Salman, en la capital de Baréin.
Un día después, en otra flagrante violación del memorándum de entendimiento, el ejército de EEUU llevó a cabo una nueva serie de ataques aéreos en la provincia de Hormozgán, en el sur iraní, lo que se sumó a un patrón creciente de perfidia estadunidense que no muestra signos de disminuir ni se puede ocultar bajo la elaborada capa de formalidades diplomáticas y sutilezas procedimentales.
Lo que realmente se está materializando sobre el terreno no es más que un frágil alto al fuego, que EEUU pretende destruir en pos de sus verdaderos objetivos estratégicos. Todo lo que Trump ha buscado se ha centrado, en última instancia, en la reapertura sin restricciones del estrecho de Ormuz, el punto de estrangulamiento marítimo más vital del mundo, incluso si lograr ese objetivo significaba permitir que aproximadamente 22 000 millones de dólares en activos iraníes congelados llegaran a Irán (12 000 millones de dólares de Catar y aproximadamente 10 000 millones de dólares en ingresos petroleros).
Desde la perspectiva del megalómano que preside EEUU, se trata sin duda de un acuerdo favorable. Afín a sus usos y costumbres, su cálculo es frío, transaccional y revelador. El objetivo final es obligar a Teherán a elegir entre aceptar la normalización de la agresión militar continua o renunciar a su posición de control soberano sobre el estrecho marítimo. Por lo tanto, la estrategia del palo y la zanahoria se ha vuelto inequívocamente evidente. Todo lo demás, incluidas las grandilocuentes promesas de alivio de las sanciones, los compromisos de inversión y reparaciones, y el discurso diplomático sobre la estabilidad regional, no son más que fachada.
Trump sabe, también, que el régimen sionista de Israel no permitirá bajo ninguna circunstancia que EEUU influya en sus decisiones estratégicas, ni Washington ni Tel Aviv aceptarán que Irán obligue al ejército de ocupación israelí a retirarse del sur del Líbano y de los territorios ocupados.
En tales circunstancias Washington había elaborado un plan con maña. Ante la persistencia de la nación persa en ejercer su soberanía sobre el estrecho, EEUU habría presionado a Omán para que estableciera un corredor marítimo alternativo en sus aguas territoriales a través del estrecho de Ormuz sin coordinarse con Irán, dando por sentado que Teherán no se arriesgaría a una confrontación militar debido a su urgente necesidad de los recursos financieros descongelados.
Washington partió de la base de que la necesidad económica prevalecería sobre los principios estratégicos y que Teherán aceptaría una erosión simbólica de su soberanía a cambio de una ayuda financiera tangible.
Según el plan estadunidense, una vez que ese corredor omaní obtuviera reconocimiento formal, podría ampliarse gradualmente hasta que la reapertura del estrecho se convirtiera en un hecho consumado impuesto a Irán. La estrategia fue cuidadosamente planificada y diseñada de manera gradual para evitar la confrontación directa, al tiempo que se intentaba erosionar el control legítimo de Irán sobre la vía fluvial.
El razonamiento era lógico, pero los cálculos de EEUU fueron erróneos.........
