El Siglo de Fidel: Fidel vence al tiempo
Fidel era el arquetipo de eso que Hegel llamaba un "personaje histórico-universal", o sea, alguien que percibe las cosas de este mundo apenas se insinúan en el horizonte; que sabe hacia dónde marcha el devenir histórico y hace del logro de este objetivo su razón de ser. Alejandro, César, Napoleón y entre nosotros Bolívar fueron grandes hombres porque desearon y lograron hacer algo grande, jamás cayendo en nimiedades, fantasías o ilusiones.
Asumieron el desafío de su tiempo, sintetizaron magistralmente las luchas sociales de su época y tuvieron éxito en su empeño. Fidel lo asumió en plenitud. Sabía que Martí había dejado un inmenso legado político y doctrinario, del cual se nutrió para comprender cuál sería el destino de Nuestra América si tal como el Apóstol lo expresara en su póstuma e inconclusa carta a Manuel Mercado, no se impidiera "a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los EEUU y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso". Por eso, para Fidel, Martí fue el autor intelectual del asalto al Moncada y sabía que había que seguir haciendo lo que aquél hizo hasta el punto de pagar con su vida ese intento.
Pero asimismo Fidel se sabía heredero de la gesta, también inacabada, de Simón Bolívar, destinada a hacer de los pueblos de Nuestra América "una sola y gran nación". Fidel emprendió ese proyecto dotado de una rarísima combinación de inteligencia y voluntad.
Pocos años más tarde, con el triunfo de la Revolución, su figura tuvo un crecimiento exponencial. No exageramos un ápice si decimos que fue uno de los dos únicos gobernantes de la región (el otro fue Hugo Chávez Frías) que dejaron una impronta indeleble en la política mundial.
Producto de las circunstancias históricas, fundamentalmente la Guerra Fría y la enfermiza obstinación que el gobierno y la burguesía de EEUU tienen para apoderarse de Cuba ya desde finales del siglo dieciocho, como aconsejaba John Adams en 1783 desde Londres, donde había sido enviado para recomponer los lazos entre las independizadas trece colonias y la corona británica. Por eso la huella de Fidel caló con más profundidad en el escenario global.
Malsana obsesión que hoy revive con Trump 2.0 y la siniestra figura de Narco Rubio, desesperado por convertirse en el "libertador" de Cuba y, de ese modo, allanar su carrera hacia la Casa Blanca. Obsesión de poner de rodillas a Cuba que me parece será la tumba de su carrera política.
Téngase en cuenta que Cuba fue protagonista de la mayor crisis militar a lo largo de toda la historia de la Guerra Fría: la así llamada "crisis de los misiles", en referencia a la instalación de cohetería soviética en Cuba en respuesta a una similar operación que EEUU había realizado en Turquía. Como es bien sabido Fidel se opuso al retiro de los cohetes soviéticos con un argumento impecable: la Unión Soviética tenía derecho a defenderse.
Estaba amenazada en su frontera meridional por el despliegue militar norteamericano en Turquía y la Sexta Flota de EEUU apostada en Nápoles, y le asistía toda la legalidad del mundo para contar con una fuerza de disuasión a un centenar de millas de la Florida. Desgraciadamente el Kremlin no lo escuchó.
Veamos: ¿qué otro jefe de estado de Nuestra América alcanzó alguna vez la proyección internacional de Fidel? Incluso aquellos gobernantes de países con gran población, como Brasil o México; o poseedores de grandes territorios, como Brasil y Argentina; economías más avanzadas, como las de estos tres países, aún en estos casos no hubo ninguno, absolutamente ninguno, que pudiera rivalizar con la influencia que el Comandante ejerció por medio siglo en el ámbito de la política mundial.
En el pasado, desde el comienzo de nuestra vida como repúblicas independientes hasta promediar el siglo veinte los políticos y gobernantes latinoamericanos y caribeños carecían por completo de la posibilidad de ser actores cuya presencia brillase en el........
