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Tras el ataque estadounidense a Venezuela, la batalla cultural

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23.03.2026

Más allá del estruendo del ataque militar del 3 de enero, en el que Venezuela sufrió un revés en el plano bélico con el secuestro de su presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, desde el día siguiente comenzó otra batalla, sin tropas en el terreno, pero sí se puso en marcha un proceso más sutil, una ocupación silenciosa que busca convencer a los venezolanos de que la imposición del más fuerte es natural, inevitable e incluso razonable.

La disputa ya no se libra en el terreno militar, sino en el campo de las percepciones y del sentido común. Es lo que llaman la batalla cultural. La ofensiva militar estadounidense duró apenas unas horas, pero la guerra cultural -a la que apunta Washington, ampliada por la derecha venezolana e internacional, e incluso por cierta izquierda- puede prolongarse. Su campo de acción ya no son las fuerzas militares, sino el lenguaje y los medios de comunicación. Es allí donde se moldean las percepciones colectivas y donde se intenta instalar el conformismo y la idea de que la soberanía es un anacronismo, señala el politólogo Leopoldo Puchi.

En este momento, la verdadera amenaza para el país es que se instale la idea de que la subordinación es inevitable o incluso conveniente. Si la tutela externa llega a percibirse como una solución práctica y la soberanía como un concepto obsoleto, la derrota no será solo militar, sino también cultural. Las ocupaciones militares pueden terminar. Las ocupaciones del sentido común, en cambio, pueden perdurar durante generaciones.

Recuerda Puchi que Antonio Gramsci destacó hace casi un siglo que el poder no se sostiene únicamente por la fuerza, sino también por la capacidad de construir consentimiento. Décadas después, Robert W. Cox trasladó esa idea al ámbito de las relaciones internacionales. Una potencia no domina solo por su superioridad militar: domina verdaderamente cuando logra que su predominio sea aceptado y se convierta en "sentido común".

Pero desde el 3 de enero la oposición derechista (autodenominada democrática, aunque siempre alentó golpes de Estado) no ha logrado tener la relevancia que, en definitiva,........

© La Haine