El manual completo del imperialismo en Venezuela
El secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, a manos del imperialismo estadounidense marca una nueva y extremadamente grave escalada en la agresión sostenida contra la soberanía de Venezuela. Lejos de ser un hecho aislado o excepcional, este episodio forma parte de una ofensiva prolongada que combina la guerra económica y financiera, la deslegitimación política, la coacción militar y la producción de consenso mediático y hegemonía cultural.
Ante la confusión informativa, la propaganda y la proliferación de narrativas especulativas, este artículo propone un marco analítico para comprender la lógica estructural del imperialismo contemporáneo y situar este ataque en el contexto del asedio al que ha estado sometida Venezuela durante décadas.
El imperialismo y el sistema mundial capitalista: un marco analítico
Desde la perspectiva del análisis de los sistemas mundiales, el capitalismo no se entiende como un conjunto de economías nacionales aisladas, sino como una totalidad histórica estructurada por relaciones jerárquicas de dominación y dependencia, articuladas a través del intercambio desigual. En este marco, el imperialismo no es una distorsión temporal ni el resultado excepcional de crisis o guerras específicas, sino más bien una dimensión constitutiva del sistema mundial capitalista, inseparable de su lógica histórica de expansión y su necesidad permanente de acumulación a escala global.
El imperialismo puede definirse, por tanto, como el modo jerárquico a través del cual se organizan la captura, la transferencia y la apropiación de valor en todo el mundo. Este proceso se basa en la subordinación estructural de algunas sociedades a otras dentro de una división internacional de la producción y el trabajo que separa a los países que no retienen el valor que producen de aquellos que lo capturan y concentran a través del intercambio desigual.
Esta jerarquía configura los polos clásicos del sistema --núcleo y periferia, o Norte Global y Sur Global-- así como los espacios semiperiféricos intermedios, donde coexisten dinámicas contradictorias de apropiación y dependencia. El imperialismo, en este sentido, segrega y ordena el mundo para garantizar la acumulación de capital, basándose en la extracción barata de mano de obra, bienes materiales y energía, y en la externalización sistemática de los costes a la periferia.
Lejos de reducirse a la dominación militar directa o al control territorial, el imperialismo contemporáneo funciona como un sistema integrado que articula diferentes esferas de la vida social. La dominación económica --basada en el control de los flujos de valor, la deuda, las sanciones o el acceso a los mercados-- se ve reforzada por instrumentos políticos y diplomáticos, por la amenaza o el uso efectivo de la coacción militar y por formas de hegemonía cultural y mediática que ayudan a legitimar el orden existente en el imaginario social. Estas esferas no funcionan de forma aislada, sino que se combinan y se refuerzan mutuamente a través de diversos grados de coacción y consentimiento, buscando un equilibrio que permita naturalizar la subordinación imperial y normalizar la captura de valor como algo inevitable o incluso deseable.
La participación activa de los Estados es fundamental en esta arquitectura de dominación. A través de marcos legales, acuerdos internacionales, mecanismos diplomáticos y, cuando es necesario, el uso de la fuerza militar, se crean las condiciones para que las empresas transnacionales y las entidades financieras concentren la mayor parte de los beneficios del comercio mundial. En este contexto, es posible hablar de Estados imperialistas, situados principalmente en el núcleo del sistema mundial capitalista, en contraposición a otros Estados cuya posición estructural es de dependencia, independientemente de sus proyectos políticos internos o sus aspiraciones de desarrollo. Las diferentes fases históricas del imperialismo --colonial, neocolonial y neoliberal-- muestran continuidades y rupturas en estas formas de dominación, generalmente asociadas a períodos de hegemonía de potencias específicas, con EEUU como actor central del imperialismo contemporáneo.
Este marco permite analizar el caso venezolano no como una anomalía ni como un conflicto estrictamente interno, sino como una expresión concreta de las tensiones del sistema mundial capitalista y de las formas contemporáneas de agresión imperialista. Las dinámicas económicas, políticas, diplomáticas, mediáticas, culturales y militares que han configurado a Venezuela en las últimas décadas --y que han culminado en la intervención militar abierta de los últimos días, en violación del derecho internacional-- solo pueden entenderse plenamente cuando se sitúan dentro de esta lógica estructural de dominación, captura de valor y disciplina de la periferia.
Venezuela en las engranajes del imperialismo contemporáneo
Situar el caso venezolano en el marco del sistema mundial capitalista requiere abandonar las explicaciones excepcionalistas o moralizantes y entenderlo como una expresión concreta de la dinámica estructural del imperialismo contemporáneo. Lejos de ser un mero conflicto bilateral, un «fracaso interno» o una supuesta «deriva autoritaria», la agresión sostenida contra Venezuela debe interpretarse como parte de un proceso de disciplina de la periferia en un contexto de crisis, reconfiguración geopolítica y declive relativo de la hegemonía estadounidense.
Desde el inicio del proceso bolivariano, la soberanía........
