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Defensa legítima o agresión híbrida, una lectura moral

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Casi cuatro años después, en julio de 2026, la fiscalía federal alemana imputó a un exoficial del ejército ucraniano haber coordinado un comando que usó el yate Andromeda para colocar los explosivos -en el lugar más vigilado de Europa- actuando "por orden de autoridades estatales en Ucrania".

El hecho es claro, infraestructura energética crítica para Europa (el gasoducto abastecía Alemania, pero en 1.224 kilómetros atraviesa Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia y Suecia) fue volada en una operación encubierta que, según la acusación (sin pruebas), tuvo respaldo estatal ucraniano. Sin embargo, en gran parte de los medios occidentales ese episodio no se convirtió en el eje de un relato sobre "sabotaje ucraniano contra Europa", sino en un capítulo secundario de la guerra, tratado con cautela judicial (sobre todo cuando se supo que fue EEUU el responsable real del sabotaje), como si no fuera un casus belli, al menos para Alemania y sin el mismo peso moral que se les asigna a los supuestos sabotajes rusos en territorio europeo.

Al mismo tiempo, desde 2025-2026 se multiplica en Alemania, Polonia, Italia, Estonia y Eslovaquia una oleada de sospechosos incendios y explosiones en fábricas de defensa, centros logísticos y plantas de drones. O los famosos drones en aeropuertos, que finalmente se demostraron inexistentes. Gobiernos y medios occidentales, obviamente, describen estos incidentes como parte de una "campaña de sabotaje rusa" destinada a desestabilizar Europa. La pregunta obvia es ¿por qué operaciones estructuralmente similares --sabotajes, ataques a infraestructura crítica, operaciones encubiertas-- son nombradas y enmarcadas de manera radicalmente distinta según quién las ejecute?

Andrei P. Tsygankov, en un artículo publicado en Global Studies Quarterly (Oxford, julio 2026), propone un marco que ayuda a salir del relato simplista de "agresor vs. víctima". Define la guerra híbrida de Occidente contra Rusia no como un episodio aislado, sino como un conflicto estructural donde sobre todo Occidente utiliza un repertorio familiar. Apoyo a oposiciones internas, sanciones económicas, operaciones de información, ciberataques, sabotajes físicos y operaciones encubiertas, todo con el fin de minar la estabilidad política del adversario. Desde esta perspectiva, Nord Stream no es un "accidente" ni un hecho aislado, es un acto de guerra híbrida dentro de una lucha de EEUU por el orden mundial y la anulación de Alemania como potencia dominante en Europa.

El problema es que el relato mediático dominante en........

© La Haine