La “guerra hasta la raíz” del régimen de Netanyahu podría desestabilizar a EEUU
Tanto la guerra de Trump contra Irán como la guerra israelí, estrechamente relacionada con ella, por la hegemonía judía en todo Oriente Medio (denominada «Seguridad Permanente» en la jerga militar israelí) se están desmoronando rápidamente.
Irán se mantiene desafiante ante las amenazas de Trump e Israel, lo que lleva a Trump a poner en juego toda la economía estadounidense y su posición estratégica global con el fin de lograr una «victoria» decisiva sobre Irán --por muy engañosa y pírrica que pueda resultar esa «victoria».
Trump ha terminado ya la cumbre en China (según se informa, sin apenas preparación previa a la visita). Es posible que se haya basado en su habitual idea arrogante --que China necesita a EEUU más de lo que EEUU necesita a China-- y le dijera a Pekín que «usted (Xi) tiene que indicar a Irán» que el tiempo pasa y que debe capitular ante EEUU.
Pues bien, eso no va a suceder. China apoya la lucha de Irán por la soberanía y comparte con Rusia el objetivo de Irán de ver a EEUU fuera de Oriente Medio. Quieren, en su lugar, una arquitectura de seguridad liderada por el Golfo que sustituya a la estadounidense. Moscú está de acuerdo.
Quizá Xi --en el lenguaje más cortés, por supuesto-- le dijo a Trump, más bien, que es Washington quien debería ceder ante Irán. Cuanto más se demore, más difícil resultará cualquier corrección de rumbo por parte de EEUU
En cualquier caso, a pesar de la arrogancia innata de Trump, este llegó a Pekín desprovisto de «grandes victorias» (se cuenta a Venezuela como un truco publicitario, en lugar de una victoria estratégica). Por el contrario, y lo que es más significativo, Pekín entiende que EEUU se encuentra al borde de una catástrofe económica inflacionaria, mientras que China está en gran medida aislada de la inminente crisis energética mundial y se encuentra en una situación de deflación de precios, en lugar de sufrir inflación.
Hablando sin rodeos, no hay casi nada que Xi quiera de EEUU, pero en aras de la armonía, es posible que compren algo de soja (para salvar a los agricultores estadounidenses) y tal vez algunos aviones. (Aunque China no necesita realmente la soja gringa, ya que la ha estado comprando sin problemas a Brasil).
Trump se ha llevado a China un séquito de oligarcas estadounidenses --presumiblemente con la expectativa de que China le conceda negocios por valor de varios «miles de millones»--; pero la respuesta China fue escasa.
Según se informa, están enfadados por los juegos a los que ha estado jugando el secretario del Tesoro de EEUU con las sanciones a empresas chinas, la incautación de petroleros chinos y el evidente intento de Trump de expulsar a China del hemisferio occidental.
Sin embargo, lo que se cierne en el fondo es más sombrío: el colapso de la posición de EEUU como hegemón unipolar --y la consiguiente inestabilidad global. La guerra con Irán ha proporcionado al mundo una lección práctica sobre una gran potencia mundial atrapada en un atolladero conceptual de la era de la Guerra Fría.
Una potencia que se negaba a ver las señales de un cambio tectónico que le exigía «superar» su complacencia del «fin de la historia», a pesar de que todos los indicios de un cambio hacia otra «forma de guerra» habían estado presentes desde principios de este siglo.
El punto de inflexión se produjo con la abundancia de componentes tecnológicos baratos y fácilmente accesibles.
Al inicio de la Guerra Fría, EEUU optó por una estrategia de superar en gasto a la URSS --apostando por armamento de alta gama y alto coste-- con un........
