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Narcisismo político y desconexión constitucional

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04.07.2026

Gestos y más gestos vacuos. Gestos vacuos que explican una época mejor que un discurso. Un presidente que, tras perder una votación relevante en el Congreso, sonríe y se aplaude a sí mismo no protagoniza una anécdota menor: ofrece una imagen inquietante de cómo el poder puede llegar a relacionarse con las instituciones. No se trata de diagnosticar a nadie ni de convertir la política en un diván, sino de analizar una conducta pública. Y esa conducta, vista desde la responsabilidad democrática, proyecta una peligrosa mezcla de narcisismo político, desprecio al Parlamento y desconexión institucional.

El Congreso no es un plató, ni una grada, ni una sala de fiestas del partido gobernante. Es la sede de la soberanía nacional. Cuando una mayoría parlamentaria expresa un reproche político severo al jefe del Ejecutivo, aunque ese reproche no tenga efectos jurídicos automáticos, merece una respuesta proporcionada: sobriedad, explicación, respeto institucional. Y para mí, dimisión inmediata. La sonrisa autosatisfecha y el aplauso dirigido a uno mismo comunican justo lo contrario. Comunican que la derrota puede presentarse como victoria si se domina el relato -en lo que son maestros los comunistas-; que el Parlamento importa sólo cuando sirve; que el poder ejecutivo no escucha, sino que se contempla.

El narcisismo político no consiste únicamente en la vanidad personal del dirigente. Es una forma de entender el poder como espejo. El líder ya no comparece ante los........

© La Gaceta