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El mayor jeta de España

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Ayer, a la hora del desayuno, mi mujer alzó la vista del café con leche y me preguntó: «¿Por qué Esquerra no ha echado todavía a Rufián?». Como no es del gremio —esa burbuja mediática en la que convivimos políticos y periodistas—, hace preguntas de una lógica aplastante. No supe qué contestarle.

Hay una ventaja: Gabriel Rufián ha dejado al descubierto todas las debilidades de Junqueras. Lleva mareando la perdiz desde hace casi un año. A partir de Navidades ya intensificó su campaña de promoción personal. Con aquel acto en Madrid el 18 de febrero y el del pasado jueves en Barcelona. Lo único que ha sabido hacer el líder (sic) de Esquerra es excusar su presencia por “motivos de agenda”. Su amigo del alma le está montando una lista paralela y ni siquiera le ha parado los pies.

Al fin y al cabo, es una iniciativa personal. Confirma lo que todos sabíamos: que el famoso procés era una tabla de salvamento, un modus vivendi, un qué hay de lo mío en definitiva. Por mucho que consiguieran alargarlo casi 20 años. Si tomamos, como línea de salida, el nuevo Estatut aprobado en el 2005. Luego vinieron los lloros.

No obstante, todos están colocados. Cobrando del mismo Estado —en el Congreso o en empresas públicas— al que querían combatir. Ahora se está abriendo a nuevos horizontes laborales porque lo de repetir está difícil. No deja de ser curioso, sin embargo, que quiera encabezar una lista electoral a la izquierda del PSOE. Él que, en diciembre del 2015, declaró que «en 18 meses dejaré mi escaño para volver a la República Catalana».

O que acusó a Puigdemont de alta traición el 26 de octubre del 2017, con aquel fatídico tuit de las «monedas de plata». Precipitó la aplicación del 155 porque el presidente de la Generalitat iba a convocar elecciones anticipadas y se echó atrás. Hay que admitir, en todo caso, que es más listo que el pan. Y un fantástico community manager de sí mismo. No le negaré yo ambas cualidades en el caso de que lo sean.

Rufián salió de Súmate, una entidad en la órbita de ERC que agrupaba a castellanohablantes a favor de la independencia. Fue una excelente agencia de colocación. No solo para él mismo sino por el ahora desaparecido en combate Eduardo Reyes, que llegó a ir sexto en la lista de Junts pel Sí, la coalición pergeñada entre CDC y ERC el 2015. Aunque antes de dar el salto, ya se vio envuelto en alguna polémica. «Estoy cobrando el paro, tuve que dejar mi trabajo para dedicarme a esto», confesó en una contra en La Vanguardia en diciembre de ese año. Luego tuvo que apresurarse a negar que fuera un despido pactado con la empresa para cobrar el desempleo.

No todo son malas noticias: Gabriel Rufián es un ejemplo también del hundimiento de la izquierda. El único argumento electoral que tienen es que viene el hombre del saco. Pese a que lo llamen “ola reaccionaria” o «ultraderecha». De paso, confirma las expectativas electorales de Vox. Ya saben lo que pienso en esta materia los que tienen la inmensa paciencia de seguirme: si Vox es “extrema derecha”, Podemos es «extrema izquierda» por la simple razón que está en el otro lado del arco ideológico.

Tras la caída del Muro de Berlín (1989), lo de declararse comunista queda fatal. De manera que se definen como «anticapitalistas» o incluso «antifascistas». Si añaden al PSOE, son el «bloque progresista». A mí lo de declararse “anti” per se me parece fatal. Tú puedes ser de un equipo y después, si acaso, ser antimadridista o anticuler. Pero ser anti de entrada me parece un sinsentido.

¿Además, qué tienen en común los electores de Esquerra y los de Podemos? Hay que tener mucho valor para ir con Irene Montero en una candidatura. Cuando fue ministra de Igualdad (2020-2023), dejó una ley que ha beneficiado a 1233 agresores sexuales, incluidos violadores, según cifras oficiales del Consejo General del Poder Judicial.

A ver qué les pasa en caso de cuajar: Si sacan diputados o les pasa como la Operación Roca, el Partido Reformista, que impulsó Convergencia en 1983 como sustituto de la UCD y que no consiguió escaño alguno a pesar de cosechar unos 200.000 votos. Se acaban de unir ahora en Andalucía tras los fracasos sucesivos en Aragón y Castilla y León. Lo cual confirma que todo es por las sillas, es decir, por los escaños. Están todos a la greña y ni siquiera ha empezado la campaña.

Espero, de todo corazón, que se den un batacazo electoral. Una cosa es que los medios progres les den cacha -con RTVE a la cabeza— para cubrir el flanco izquierdo del PSOE ante el previsible hundimiento de ese otro invento que es Sumar. Y otra, que lo voten los electores. Sigo pensando que es muy difícil pedir el voto en Algeciras o en Valladolid después de haberse mostrado partidario de la independencia de Cataluña. ¿O iba de farol?


© La Gaceta