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Sobre héroes y ratas

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04.01.2026

Le tengo un sincero aprecio a don Joaquín Echeverría Alonso, el padre del llamado «héroe del monopatín», al que entrevisté en un par de ocasiones y con el que hablo asiduamente. Es un hombre bueno a quien la tragedia implacable golpeó de la forma más brutal. Me parece una persona noble y con una admirable entereza, y le deseo muchos años de vida superada.

Su hijo, Ignacio Echeverría, en 2017 y en Londres fue asesinado por la espalda durante unos atentados, cuando intercedió para defender a una mujer que estaba siendo apuñalada (y que sobrevivió gracias a Ignacio) por unos de esos chicos inadaptados, que en palabras del podemita Miguel Urbán, lo hacen porque no ven otra salida. Todo el mundo recordará el caso, así que no voy a extenderme en los pormenores.

Hace poco, don Joaquín escribió en una red social: «De todos los periodistas con los que traté a raíz de la muerte de Ignacio y traté a muchos, Javier Ruiz es el único al que tuve que colgar el teléfono por su impertinencia. La cadena borró la entrevista, supongo que avergonzada por la actuación de Ruiz».

Me pareció algo que por no bochornoso deja de ser bastante lógico, a tenor de la calaña del personaje: Javier Ruiz es un sujeto miserable y siniestro, no por ideología (hay buenas y malas personas a lo largo todo el espectro político, salvo quizá Bildu) sino por la forma rastrera, manipuladora y aborrecible de manejar la información y los datos, de dirigirse a los entrevistados con desprecio y tratando de ser........

© La Gaceta