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Carroñeros de la miseria ajena

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29.03.2026

Cuando eran un grupito de exaltados profesores universitarios con incontrolables ganas de tomar los cielos, las poltronas, las faldas y la fortuna, había al menos un leve disimulo en cuanto a sus pulsiones totalitarias y su amor por las dictaduras bolivarianas e islamistas.

Esto ocurría porque estaban de programa en programa en las teles generalistas, tenían que venderse al gran público, y los fundadores de Podemos trataban arteramente de ocultar su verdadera naturaleza (algunos ya conocíamos a los pájaros de antes y era imposible que nos engañaran), incluso trataban de presentarse ante su cándida audiencia como socialdemócratas nórdicos, algo así como serios políticos noruegos que por error habían nacido en la soleada España de trinque bipartidista.

Uno, humildemente, avisaba a los amigos más atolondrados y les decía lo que era Podemos y lo que iba a pasar, y claro, más de una década después no me queda más que sumergirme cómodamente en la silenciosa satisfacción que me causa el éxito de mis previsiones, aunque no sea una emoción agradable ni haya medallas que colgar.

Y me parece bien que alguno haya tenido su personal epifanía y se diera cuenta a posteriori, pero mientras mantenga un respetuoso silencio frente a los que llevamos mucho en este barco al que se acaba de subir. Que se embarque, pero en el último camarote y sin molestar.

Cuba lleva siendo maltratada en una dictadura que se extiende por 67 años (que ya son años), es una enorme cárcel que podría ser paraíso, y el mayor prostíbulo al aire libre del mundo. Destacados dirigentes de los llamados progres (es curioso, porque en la isla sólo progresa el que se va) han viajado durante décadas a disfrutar del sexo de quien se ofrece porque no tiene ya nada más que vender. Allí van de turismo de placer aprovechando el gran chantaje de la pobreza endémica. Gran afrodisiaco el miedo al plato vacío.

A Cuba han volado distintos especímenes de las diversas izquierdas europeas, carroñeros de la miseria ajena, fotografiando pobres (para poder enseñar a sus amistades cuando vuelvan a sus chalets en el primer mundo), observando el dulce atardecer del Malecón desde la terraza de un hotel de cinco estrellas. Usando a los cubanos que no pueden escapar como los buenos salvajes a los que hay que ayudar. Desde la prudente distancia. Son felices con muy poco. Y ya les queda menos. Víctimas del imperio, claro. Cuba es un estercolero por culpa de Trump.

Ni siquiera se asoman ya a la idea utópica de distribuir la riqueza con equidad y justicia. Defienden el castrismo y sus consecuencias económicas sin pudor; pero son algo peor que ridículos, pues siguen viendo el crecimiento económico como un delito, siempre que sea el crecimiento de los otros. Hay una abyecta romantización de la penuria cuando está atravesada por el mar Caribe y canciones de Silvio Rodríguez. Qué bonitas playas. Qué exotismo, en esas casas ruinosas y esos pies descalzos.

El mamerto de visita es una persona que habla de la dignidad de los pobres a los que además les exijen que sean honrados, que no se lancen a destrozar a los millonarios jerarcas del partido y a los grotescos turistas de la flotilla de avión y resort. A las garrapatas que chupan de la herida abierta de la isla.

No les importa la crisis multisistémica de un modelo fracasado. Y que ha fracasado a lo largo de todo el mundo y a lo largo de toda la Historia.

La captura de Maduro ha impedido que el chavismo siguiera regalando crudo a sus aliados de Cuba, mientras La Habana proporcionaba a Venezuela agentes especializados en represión y torturadores en serie.A la extrema izquierda de estos lares se le están acabando las fuentes de financiación. Por eso se aferran al castrismo como forma de tejer lazos, a la espera de los emolumentos de China, mientras hacemos cábalas sobre la humanidad de los más despiadados cuando se abrazan a los más envilecidos.

Pablo Iglesias es un caso extremo de una circunstancia bastante común: la del tipo que vive ricamente de su maldad. Los escrúpulos nunca dieron beneficio, y los reparos morales jamás se contaron entre sus virtudes.

El comunismo a este lado del charco ha perdido la originalidad y solemnidad que se requieren para crear grandes sistemas teóricos. Ya no exige un pensamiento complejo ni un gran andamiaje intelectual. Los seguidores del marqués y nostálgicos de la hoz y el martillo sólo tienen que saber que Trump es malo, Díaz-Canel un ejemplar dirigente y los que consiguieron escapar de la isla, unos gusanos. Estados Unidos el imperio depredador; el castrismo, un ejemplo a seguir para los pueblos del mundo, sea lo que sea que signifique eso.

La inminente capitulación del régimen puede que deje en paños menores a tanto delincuente profesional y tanto turista sexual, de los que encima levantan el dedito como si quisieran dar lecciones de moral.Son la indolencia y la hipocresía. Van a chillar cuando caiga el castrismo como chillaron cuando se llevaron detenido a Maduro. Que sigan chillando. Poco importan las volteretas argumentativas que den y lo enojados que se pongan. Da igual su impostada solidaridad mientras viven a todo tren. Dejadles que berreen. Son basura.


© La Gaceta