Y volverá a pasar
Todos los que tenemos padres mayores, recordamos el día del apagón porque, nada más conocerse la noticia, pensamos en ellos antes que en nadie más. La electricidad está en la base de nuestras seguridades, y no tener en la memoria nada parecido a un apagón general, nos llevó a la sensación inevitable de estar soñando despiertos, de que aquello que estábamos viviendo no ocurría de verdad. «¿Pero cómo se va a ir la luz en todo Madrid, hijo, qué dices?», me respondió mi madre al llamarla para saber si se encontraba bien. Tampoco ella se lo creía. Cuando llegué a su casa, una vecina muy mayor, cuyo respirador se había apagado, pedía ayuda a gritos desde el descansillo del quinto porque necesitaba ir a urgencias, y el ascensor no funcionaba.
Situaciones como ésta se multiplicaron aquel día negro para España. No tenemos capacidad para poder saber cuántas personas sufrieron un calvario parecido ese día, quizá durante horas, quizá con un final dramático. Se nos da la cifra oficial de cinco o seis muertos como consecuencia directa de la falta de electricidad; otras fuentes más «realistas» hablan de diez u once. Lo cierto es que el exceso de........
