Suelo firme
Uno ha ido perdiendo la fe en casi todo, en los bancos, en los veranos, en la rodilla izquierda, pero conservaba intacta la fe en el suelo. Era la última fe barata que quedaba. No pedía nada a cambio, ni cuota ni mantenimiento. El suelo estaba abajo, sosteniendo la cama, la mesa del bar y una enciclopedia de cuatro tomos que nadie abrió jamás, y su oficio consistía precisamente en no hacerse notar. De chaval me tumbaba en el portal, en la Ciudad de los Periodistas, a sentir el fresco de las baldosas contra la espalda, y aquello era la certeza en estado puro, el mundo boca arriba, la garantía física de que existían cosas que no se movían. Por eso el terremoto me pareció siempre una traición de orden doméstico. Algo así como que te muerda el sofá.
En la Vega de Granada llevaba el suelo una semana sin cumplir su parte del contrato. Hoy hace siete días del grande: la madrugada del sábado pasado, a la una y cuatro minutos, una sacudida que rozó los........
