El último chanclista
El otro día, en un paseo marítimo de Levante, vi pasar al que a lo mejor era el último motorista en chanclas de la historia de España. Iba en una Vespa color crema con la camisa abierta, llevaba detrás a una mujer que comía un cucurucho con dignidad de infanta y avanzaba tan despacio que las chanclas, de goma azul, de ferretería, iban golpeándole el talón con un chasquido que sonaba igual que los naipes viejos cuando los baraja despacio el mus de los jubilados. No llevaba guantes, claro, ni prisa, ni conciencia alguna de estar protagonizando una extinción, y en eso se parecía a los últimos bisontes, que pastaban tranquilos mientras el ferrocarril acercaba a los cazadores. Me quedé mirándolo hasta que dobló hacia el puerto y pensé que convenía fijarse bien, que aquello ya era un documento.
Luego, en la terraza, leí la noticia que lo condenaba. La Dirección General de Tráfico ha decidido que desde el uno de octubre no se podrá ir en moto con chanclas por ninguna vía........
