El lobo del Boletín
Conocí hace años, en el occidente de Asturias, a un ganadero al que voy a llamar Belarmino porque su nombre verdadero no es mío y porque Belarmino le pega. Tenía las vacas repartidas entre el prado de abajo y una braña a la que se subía por una pista que el invierno se comía cada año un poco más, y tenía una cuadra vieja en la que el calor de los animales se notaba nada más entrar, un calor húmedo y vivo que se pegaba a la ropa como se pega el humo de una sidrería. Me explicó el oficio en una tarde, que es lo que tardan en explicarlo los que lo llevan dentro: el ternero que no mama, la vaca que se despeña, el precio que baja justo el año en que uno pensaba cambiar la furgoneta. De todos los enemigos del oficio, me dijo, el único que trabajaba de noche era el lobo. Lo dijo sin épica, como quien menciona una gotera.
Luego el lobo salió en el Boletín. Un año los papeles oficiales lo declararon especie protegida de punta a punta del mapa, y el........
