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Cinco mil cuatrocientos doce

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28.08.2026

La noche del 30 de julio, en el espigón del Tarajal, miles de personas se echaron al agua desde el lado marroquí y empezaron a nadar hacia Ceuta con la ropa puesta. Nadie había abierto ninguna puerta. Lo que había corrido por Facebook y por los grupos de mensajería durante los días anteriores era otra cosa: la noticia de que España había abierto la frontera, una lectura torcida de una sentencia del Supremo de este verano que impedía devolver en caliente a quien entrara nadando porque el nadador, decía el tribunal, no supera ninguna barrera física. Bastó eso. Bastó una frase de juzgado traducida a rumor de playa para que una ciudad de poco más de ochenta mil habitantes recibiera en dos noches a una multitud del tamaño de sí misma. Interior contó primero cincuenta mil entradas y acabó en setenta y dos mil. Rabat dijo que cuarenta mil. En Ceuta, donde tuvieron que contarlos uno por uno para devolverlos, dejaron de discutir la cifra al segundo día porque la cifra les pasaba........

© La Gaceta