La medida de los niños
La condición de fumador semiclandestino me está complicando el verano. Puedo fumar delante de cualquiera, siempre y cuando ese cualquiera no sea uno de mis hijos. Tanto celebraron que lo dejara en su día y tan alta idea se hicieron de mi musculatura moral, que ahora no encuentro el momento de defraudarlos. En consecuencia, llevo una doble vida, hipócrita, engorrosa, trabajosísima. Para embustero o impostor, incluso para reservado, hay que valer. Lo mejor, lo más descansado, es llevarlo todo al aire, fresquito y a la vista de todos. Se ahorra uno explicaciones.
Como debo ocultárselo a mis hijos, no fumo en casa, a excepción de dos cigarros: el que clausura el desayuno y el que acompaña al café de las anodinas y aplatanantes tardes de verano. Son dos cigarros decisivos porque marcan y abrevian el día. Deberían ser placenteros, propicios a la........
