Hijos a tientas
La baja natalidad se debe a que los niños se conciben a ciegas. También a tientas. La concepción se produce en la clandestinidad. Prospera la criatura en la sombra, desapercibida primero por su pequeñez y luego oculta bajo la piel de su madre. Además, entre el acto que se requiere para engendrar un niño y el niño en sí hay un abismo fenomenológico; entre el gesto y el resultado, una distancia mágica, como la que separa frotar una lámpara de la aparición de un genio. No parece, en suma, que de esto pueda salir aquello. Pero sale. Como escribí en otra parte: «Dios hizo apetecible a la mujer y sorprendentes a sus hijos».
Al niño concreto no se le ve venir. Por ejemplo, mi Manuel. Nada en el embarazo de su madre presagiaba a este Manuel específico, nuestro, que se ha roto dos veces el húmero, abraza con una virulencia conmovedora y se tragó una moneda de cinco céntimos a pesar de ser tan delicado con las comidas. De haber sabido que aquel embarazo iba a desembocar en este Manuel, habría........
