Un frío «enterado»
Es hoy Lunes Santo. Primero de la gran semana de la Cristiandad. Vuelvo a casa tras pasar el fin de semana, largo, en Sevilla, disfrutando de las primeras procesiones, las primeras saetas, los pasos, los Cristos, las Vírgenes y los miles de penitentes que ofrecen, prometen, purgan y brindan, otro año más, un espectáculo grandioso a ese mundo sombrío que entre todos llevamos construyendo y destruyendo cientos de años.
No hay actividad en Bruselas y la ausencia de viaje permite la reflexión. Si me permiten, lanzaré el primer dardo, no envenenado sino limpio, en esta Gaceta de la Iberosfera que habla lo que otros ocultan y da voz a muchos que la han visto hurtada en otros medios y plataformas mediáticas.
Trataré con sosiego de dar contexto y explicación a eso que podemos denominar ya la conjura contra VOX, que es la conjura de un sistema que se revuelve, animal herido, contra quien amenaza su territorio. Hace unas semanas llegó el momento que muchos temían. Hace unas semanas, encuestas demoscópicas colocaron el «2» delante de las previsiones de voto a VOX. Se superó la barrera psicológica del 20% y lo que era previsible, precisamente por serlo, sucedió. El sistema se revolvió. Todo se puso en marcha. Lo del «Bipartidismo» pasó de la teoría a la praxis. Agitación y propaganda.
Se ha escrito ya, anteriormente y con mejor tino que yo, sobre la anunciada muerte de VOX. Las anunciadas muertes. Varias. Ya no sabría decir cuántas, pero superamos la decena. Ahora la conjura es superior ya que no se trata de matar a VOX, sino de firmar el «enterado». Muchos periodistas, directores de periódico, tertulianos, opinadores y, por supuesto, contrincantes políticos, desearían firmar el «enterado». El enterado lo firma el que ha ordenado finiquitar al contrario, pero no quiere mancharse las manos y usa de finos, o brutos, milicianos. Frío enterado. Mecánico enterado. Burocrático enterado. Y dejar luego a VOX en una cuneta, o en la fosa común donde yacen todos los intentos de despertar y levantar a España del letargo en que las élites, ¡siempre las élites!, la tienen adormilada y atenazada.
Como mi intención es explicar y dar contexto, no esconderé nada en esta primera entrega; mi intención es bien sencilla: escribir en poco más de 500 o 600 palabras —artículo largo para el periodismo de hoy— «la contra» a algunos de esos artículos, opiniones o «noticias» que en la prensa escrita se han vertido, como residuos contaminantes, contra VOX y sus afiliados, simpatizantes o votantes, encubiertos en acusaciones sin prueba, afirmaciones sin hechos, y argumentos sin enlace preciso y directo —como exige nuestra ley rituaria civil— contra la «dirección nacional», algunos de sus miembros o directamente Santiago Abascal. Porque el enemigo no es la dirección nacional. El enemigo a batir es la esperanza de millones de españoles. Escrita la pieza la mandaré al medio que publicó el original vertido. Si lo publica, fenomenal. Los lectores tendrán explicación y contexto. Si no la publica, pediré a Gaceta que lo haga, y espero que así sea.
Obviamente sólo podré hacerlo en la prensa escrita pues no tengo modo de contrastar en aquellos medios —radios y televisiones— que nunca me han dado voz. Supongo que, si algún día salgo dando un portazo y denunciando con furor lo que años, meses, semanas o días antes hubiera escrito, defendido, promovido o votado con el mismo furor, tendría voz.
Pero eso no sucederá. Y no porque yo tenga más o menos virtudes que otros. Eso lo juzgará Dios. No sucederá porque un día, hace ya 42 años, prometí «honrar con la lealtad de mi conducta, la memoria de los que ofrecieron su vida por una España mejor». Y eso es lo que hacen todos los que ayer, hoy o mañana pondrán una mesa informativa, prepararán una moción o un acto reivindicativo en la calle o una proposición de ley, darán una charla, arrancarán «esteladas» de los espacios públicos, escribirán un tuit o simplemente en el colegio, la universidad o su puesto de trabajo se enfrentarán al profesor de historia que se cisca en nuestros héroes, al rector que niega la palabra a quien defiende España o al sindicalista que reclama huelgas solidarias con terroristas y calla ante la injusticia que sufre el trabajador español.
