Deporte y nación
La verdad es que todo esto es ridículo, puesto que no se trata más que de un deporte, un juego que sólo debería levantar el entusiasmo obsesivo de los niños. Nada que ver con la política. O al menos así debería ser en un mundo sensato. Pero como algún dios bromista nos ha impuesto la pena de vivir bajo el imperio de las masas, no nos queda más remedio que soportar que todo lo que toquen lo alteren con desequilibrio y violencia.
La patria es una cosa fea, tan fea que sólo les interesa a los fachas y demás gentes de mal vivir. Las identidades colectivas no existen porque los seres humanos no tenemos raíces sino piernas. Y el sentido de pertenencia a una comunidad es el primer peldaño hacia el fascismo. Pero en cuanto aparecen veintidós millonarios persiguiendo una pelota en calzoncillos, la patria, la identidad y la pertenencia se convierten de repente en objetos de adoración para miles de millones de personas en todo el mundo.
¿Qué tendrá que ver el patriotismo, ese sinónimo de preocupación por el bien común y apego por lo propio, con esos estallidos de histeria a los que los homos supuestamente sapiens se entregan con frenesí desde los tiempos en los que la sangre regaba el........
