De revolucionarios a gandules
Los rojos ya no son lo que eran. Cuando Marx y compañía esgrimieron la pluma para proponer cambios que mejoraran la vida de los proletarios —los que sólo tenían prole—, las diferencias entre clases sociales eran tan enormes que llegaban a la inhumanidad. De ahí nacieron las huelgas, las manifestaciones, los atentados y las revoluciones. Pero también nació la doctrina social de la Iglesia, que en 1891 denunció la explotación económica de los obreros, la acumulación de la riqueza en pocas manos y la codicia de los empresarios, injusticias que «llaman a voces las iras vengadoras del cielo».
Los trabajadores no protestaban por trabajar, sino por hacerlo en condiciones inhumanas, cobrar sueldos de miseria o estar parados. En el siglo XIX los sindicatos se oponían al trabajo femenino para evitar a las mujeres las penalidades físicas que comportaba y porque entendían que su lugar era el hogar para criar y educar a los hijos. Aproximadamente hasta los años sesenta, tanto en Europa como en América, se sostuvo que la obligación del Estado consistía en pagar al hombre un sueldo suficiente para que pudiera mantener a su familia. Aunque ya había arrancado como consecuencia del papel de la mujer en la industria durante las dos guerras mundiales, a partir de aquel momento se impuso la idea de que había que tratar a hombres y mujeres con igualdad en el mundo laboral, lo que además coincidió con la invención de la........
