Rufián de Algeciras
Rufián cruza Despeñaperros como Julio César el Rubicón. La suerte está echada. Atrás, muy lejos, quedan la república catalana y Santa Coloma de Gramanet, lugar al que aspira a no volver nunca. Sus compañeros de escaño apenas aplauden las intervenciones del portavoz de ERC porque hace tiempo que sus discursos van dirigidos a todo el Estado, en jerga plurinacional. Su señoría quiere representar al currela de Algeciras y que nadie le diga que es menos independentista por ello. Obreros de España, soy uno de los vuestros.
Gabriel alcanza el punto de no retorno con el separatismo al que prometió adhesión inquebrantable cuando la «estelada» garantizaba un sillón perpetuo en la «nova nació». En 18 meses dejaré mi escaño. Han pasado 122 y Rufián parece que lleva en las Cortes dos años menos que los leones de la escalinata.
Nadie mejor que él encarna el signo de los tiempos de una izquierda que ha perdido la brújula. En una legislatura Rufián ha defendido el multiculturalismo, el feminismo, la ley trans, la del sólo sí es........
