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Galicia batasunizada

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friday

De pronto, algunos descubren la penicilina: hay violencia separatista en Galicia. Cómo es posible, si allí nunca ha gobernado el nacionalismo, si hablamos de la Galicia de las mayorías absolutas del PP, de la moderación templada por el Atlántico y las rías bajas. Olvidan que la política no admite espacios vacíos y el separatismo avanza cuando enfrente no hay nada. Ni siquiera es el caso gallego, pues ahora recogemos las nueces de décadas de inmersión lingüística y abandono del Estado en una de sus funciones esenciales: la cohesión nacional desde la escuela. 

La calle siempre sorprende a quienes creen que las ideas no tienen consecuencias y las sociedades son fruto del azar, de la mano invisible que hace que todo funcione sin enterarnos. Es verdad que el apartheid lingüístico no lo explica todo, aunque es parte del proceso descentralizador que inauguró el café para todos y continúa con los estatutos de autonomía de segunda generación. Hay algo más importante, una cuestión incómoda que siempre escurren a hurtadillas tantos trovadores del régimen. Jamás habríamos llegado hasta aquí —ni Merche Aizpurúa al Congreso— sin el factor que vertebra el proceso disgregador: la violencia. 

La violencia que tantos creen inservible es el motor que ha hecho avanzar al separatismo, con la ETA como punta de lanza........

© La Gaceta