Castilla grita en silencio
Qué saludable es salir de esa cárcel de asfalto, cuyos muros delimita la M-30, a respirar otros aires. De pronto, se atisban horizontes libres de patinetes eléctricos que invaden las vías principales a la hora punta y riders zumbando música del otro lado del charco. Lejos de allí languidecen los debates de nicho que nacen y mueren en la Villa y Corte, cuyo pecado capital es creer que España es el paseo de la Castellana.
En la inmensidad castellana resisten castillos en ruinas e iglesias románicas, algunas ya desacralizadas por falta de unos fieles que mueren o emigran si es que antes no han perdido la fe. Castilla es un espejo de todo lo que fuimos y salir a su encuentro es un ejercicio a mitad de camino entre la esperanza y la nostalgia por esa España que se nos escurre entre las manos. La España de siempre, la que ahora visitamos como si nos adentráramos en un parque temático a contemplar una especie en extinción.
Aquí el tiempo pasa a otra velocidad, el ritmo de la vida es más humano y la........
