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Belfast y Virolai

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En las calles de Belfast está en juego nuestro futuro. El destino de una Europa cuyas élites, confiadas, habían encomendado a los burócratas de Bruselas. El pueblo, tantas veces denostado, irrumpe en una fiesta a la que no había sido invitado para reivindicar su derecho a existir. A seguir siendo. Lo esencial no son los disturbios ni la ira popular, sino la convicción de que el poder tiene más peligro que el propio sudanés que arranca los ojos y casi degüella a un irlandés. Unionistas y republicanos aparcan las diferencias por un objetivo más grande y urgente: mantener la nación. 

No sólo en Belfast. Hay marchas en Dublín, Londres, Cardiff, Glasgow, Edimburgo… Ambas islas padecen un mismo problema, el reemplazo poblacional, que es el gran tema europeo del siglo XXI. Los pueblos autóctonos se resisten a convertirse en Molenbeek. Arden autobuses, edificios y barricadas. El paraíso multicultural era mentira. Todos saben qué hay detrás del aumento de los delitos sexuales contra las mujeres y crímenes horrendos como el de las tres niñas de Southport o el reciente de Henry........

© La Gaceta