La campaña
Odio las campañas electorales. Y llevamos ocho años de campaña electoral. ¿Qué remedio? Si tienes a un okupa en La Moncloa dispuesto a pasarse por el arco del triunfo las más elementales normas democráticas, lo único que el español medio puede hacer para defenderse es soñar mañana, tarde y noche con una campaña electoral perpetua. Pero no nos gustan. A nadie le gustan las campañas electorales. Prometo, prometo, prometo. Me enerva tanta afectación, tanta sobreactuación. Lo único que nos gusta es echar a sinvergüenzas del poder. Y para lograrlo, en principio, hay que atravesar una campaña electoral. Salvo que seas Pedro Sánchez y te inventes una moción de censura trampa con todos tus colegas frikis del arco parlamentario, esos que se apuntarían a cualquier cosa con tal de cobrar una pasta a fin de mes a cambio de fingir que no les gusta España.
La oscilación de la tendencia de voto a lo largo de la campaña no varía, excepto por cosas ajenas a la propia campaña, o a lo que los asesores consideran que es la propia campaña. Los militantes de base se ganan el cielo estos días aguantando los sermones, especialmente los del partido que está en el Gobierno. ¿Ocho años en La Moncloa y ahora me vienes a contar lo que hay que hacer para arreglar el país? Pero son dóciles, especialmente los del partido que está........
