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La borrasca «Pedro»

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20.02.2026

El cielo nos manda señales. Escribo bajo la borrasca «Pedro». La número 16 de la lista de borrascas y danas de gran impacto para la temporada 2025/2026, que en vez de piernas tengo ya ancas, y reuma hasta en la conciencia. Casi he perdido la cuenta. Las borrascas han convertido a España en lo que solían ser las tiendas de campañas para Dave Barry: «Siempre llueve sobre las tiendas de campaña. Las tormentas recorren miles de kilómetros, contra vientos fuertes, para tener la oportunidad de llover sobre una tienda de campaña».

Esta mañana acababa de escuchar a un meteorólogo asegurando en la radio que la borrasca Pedro no dejaría consecuencias adversas en España, puse un pie en la calle en esta sufrida ciudad atlántica, y en cuestión de tres segundos vi rodar por el suelo a una señora arrastrada por el viento, al tiempo que esquivé in extremis lo que parecía un trozo de recubrimiento de la fachada de un edificio. Lo pensé al instante, no hay duda alguna: Pedro está aquí. Una borrasca que promete ser casi imperceptible y resulta ser un infierno. ¡Una borrasca mentirosa! Que le suban el sueldo al que propuso el nombre.

Dicen los expertos que una borrasca se forma cuando chocan aire frío y aire caliente, es decir, Pedro Sánchez y Su Persona. El aire gira en círculo como un gran remolino y comienza una pugna entre lo que la borrasca dice y lo que hace. Aparecen entonces frentes, tal vez frentes populares, donde las dos almas de la borrasca se encabronan y embisten, ya no entre sí, sino a todo aquel que se cruza. Entonces, ya sabes, vientos huracanados, lluvia, nieve, olas gigantes, subidas de impuestos, y paraguas rotos. Muerte y destrucción. 

La historia termina cuando el aire frío alcanza al aire caliente y se mezcla. Mi teoría es que estamos cerca de este punto. Sánchez ya es indistinguible de Su Persona, aunque por el momento sigue bastante caliente; y sea lo que sea eso que tiene dentro de la cabeza, está girando intensamente, se escucha el ruido desde aquí cuando está en silencio. Si siguiera su evolución natural, la borrasca perdería fuerza y, si hemos de juzgar por las urnas, está en fase de últimos estertores. 

Ocurre que esta es una borrasca pesadísima. Como una maldición. Se agarra con las dos manos al palacio, mientras cocea sin mirar hacia el resto de España. Y sigue girando. La rueda no puede parar. Puente aullando en el Parlamento para defender al indefendible Marlaska, después de que el DAO de su vida y de su alma, que ya no debía estar ahí, haya sido denunciado por una subordinada por agresión sexual, coacciones, y varias cosas más, con el agravante de abuso de autoridad. El jefe de la policía de Sánchez. La borrasca Marlaska.

Quizá sería más preciso hablar del sanchismo como un tren de borrascas. Junto a la grande y principal, Pedro, otras compiten en buscar protagonismo. Sólo eso explica que Irene Montero —¿qué hace una chica como tu en un puesto como este?— haya salido a decir que el caso del DAO es «muy parecido al caso Jenni Hermoso». Siendo la responsable de la mayor suelta de violadores de la historia de España, no me sorprende que un pico sea igual a una violación en el esotérico universo privado de Galapagar. 

Nuestra esperanza es que a toda borrasca le llega su anticiclón. Y nosotros tenemos varios rondando el lugar del crimen. El anticiclón Koldo y sus mensajes. El anticiclón Aldama y su sobre. Y así podríamos seguir durante horas hasta poder calificar de tormenta perfecta lo que tiene el presidente sobre la jeta. 

No obstante, no me busquen ya entre los que exigen al presidente que asuma responsabilidades, dimita, y se retire a sus aposentos. No. En medio de esta colosal sucesión de tormentas, y con la borrasca Pedro dando la turra en los ventanales, yo no quiero que se vaya a ningún sitio, sino ver en primera fila el lento declinar del gran inmoral y su banda, la letanía de noches sin dormir que la prensa, la oposición, y los cadáveres que ha dejado en el camino le están brindando y le brindarán una y otra vez, cada día con más intensidad, hasta el último minuto, que será la hora de una orden judicial, preludio de día festivo nacional para las generaciones venideras. 

Que me los conozco. Que todavía hoy la dimisión del tormentoso Pedro podría interpretarse como el salto de un fusible en el partido sanchista. Y nada de eso. Ni de coña. Ni lo sueñen. Aquí no hay fusible que valga para el PSOE: todo el mundo ahí está enchufado, conectado, y juramentado, mordiendo con sus propios dientes los cables pelados del «puto amo», y todo el mundo habrá de padecer el cortocircuito final. Estas son las borrascas socialistas y socialistas han de ser quienes paguen la elevadísima cuenta.


© La Gaceta