El turista y el inmigrante
Dos figuras hasta ahora intocables empiezan a ser puestas en perspectiva. Primero fue el inmigrante; ahora le toca al turista. Son dos seres alados de la posmodernidad, figuras míticas de la Sociedad Abierta, veneradas por los socioabiertistas, de las que solo pueden salir, nos han dicho siempre, beneficios culturales, humanos y económicos.
Pero del inmigrante (o más bien, del inmigrante traído por millones) ya ha empezado a verse una cara B de efectos en el precio de la vivienda, la seguridad o los servicios públicos. Su beneficio económico no está claro.
Pudiera haberlo, pero con condiciones y no sería algo natural, ni inevitable ni que beneficiara a todos por igual.
Ahora esa nueva mirada de cálculo la recibe el turista, sinónimo de bonanza desde el invento español del sol playero.
Bien es verdad que la izquierda comenzó hace tiempo a ponerlos en solfa, pero no le hacíamos mucho caso porque parecía otro más de sus espasmos antieconómicos. Lo cierto es que la figura del turista y el turismo en general empiezan a despertar serias dudas como motor de crecimiento e industria nacional.
¿Aporta tanto un turista? Sin entrar en otras externalidades (efectos fuera del precio), y en su consumo de servicios públicos, el turista es atendido por personal que ha de ser pagado. Ese trabajador es un ser vivo y tiene la mala costumbre no solo de comer sino de coger el transporte público, usar los servicios del Estado e incluso ponerse malo. El salario del trabajador del sector turístico es interesante también........
