Delicada florecilla entre fascismos
Publicó ayer Irene Lozano un interesante artículo («El hombre que coleccionaba quijotes», El País) sobre Pedro Sánchez, al que algo debe de conocer en tanto autora de sus libros.
Parte del detalle y de lo personal. Su colección de figuritas del Quijote y el recuerdo del «instante fundacional», cuando llegó a casa defenestrado como secretario general del PSOE y encontró a Begoña con «lágrimas en los ojos». Ahí se forja el líder según el relato. «Empecé a cobrar conciencia de la capacidad de resistencia que podía llegar a tener».
Ese acicate personal animaría su quijotismo, un cierto idealismo de desfacedor de entuertos. Podría pensarse que el artículo roza el ditirambo («la épica de la remontada en su zona de confort») pero trae consigo algo interesante. Sitúa a Sánchez en unas coordenadas psicológicas e históricas. O poshistóricas.
Ese momento-forja en el que 1) Begoña sufre y 2) Pedro Sánchez descubre, como un súper poder, su capacidad de resistencia se produce en 2016, lo que........
